Acostumbrada a las recurrentes crisis stop and go del país, la industria de defensa nacional se muestra más como un símbolo de aspiraciones que de un conglomerado con una verdadera cuña dentro de las políticas científicas tecnológicas del país. Es verdad que relevar, diseñar, prototipificar y fabricar no son tareas fáciles y mucho menos en contextos dificultosos, con extremas limitaciones de recursos, de personal o de interés. Esta triada que bloquea constantemente esas aspiraciones al desarrollo han terminado por configurar en la Argentina una política de declamación de proyectos en papel cuanto menos o una industria del prototipo cuanto más. No resulta menor mencionar que la estructura militar industrial no ha encarado un proyecto ambicioso en tiempo y recursos desde hace al menos 30 años, con contadas excepciones como el caso del entrenador Pampa (un desarrollo de la década del 80) o los radares 3D de INVAP en el marco del SINVICA.

La envergadura de los proyectos de las ultimas décadas resultan sustancialmente menores a aquellos acontecidos décadas atrás y menos ambiciosos que aquellos acontecidos durante la etapa embrionaria en que se desarrollo nuestra industria. Sin embargo, y mas allá de las enormes diferencias de contextos y fondos, hoy aquellos hitos históricos de fabricación deberían servir de guía y no de frustraciones. Aquella tangible escalabilidad y visión de largo plazo de la industria aeronáutica que surge en la década del 20 del siglo pasado, permitió pasar del ensamblaje de un Avro Gosport 504, a fabricar unidades en serie de a centenares en las décadas siguientes, consolidando un verdadero polo industrial en la provincia de Córdoba. El rediseño de unos viejos minadores de principios del siglo XX permitió avanzar años después en la construcción de un astillero, de avisos y fragatas, estructurando el pilar de la industria naval argentina. En misma linea, la instalación de fabricas militares a lo largo y ancho del país, promotoras del desarrollo en siderurgia, química, metalmecánica, entre otras, fueron producto de pensamiento de largo plazo y escabilidad constante.

¿Pero que pasó en la Argentina que solía producir centenares de aeronaves, ser pionera en los vuelos a reacción con el I.Ae. 27, organizar una cadena de producción de tanques modernos y botar corbetas, buques de transporte y avisos?

La frustración actual tiene como centro de atención el excesivo vaivén dentro de las políticas de defensa, que entre marchas y contramarchas paralizaron el pensamiento de largo plazo. Las siempre tétricas coyunturas posicionaron de manera exclusiva lo urgente por sobre lo importante, sacando de la ecuación la posibilidad de escalar cualquier proyecto de desarrollo en materia de Defensa Nacional. Los famosos consensos tampoco pusieron sobre la mesa cuestiones en donde históricamente tanto el radicalismo como el peronismo generaron raíces: la configuración de una matriz industrial militar. Esa posición ontológica quedó solapada a su vez por enormes deficiencias en el ultimo tiempo en cuanto a inteligencia industrial, planes escalares o resultados de los diversos proyectos abordados. Todo esto colisionó con el factor confianza y autoestima: es fácil recolectar comentarios negativos sobre planes en ciencia, tecnología y producción para la defensa a razón de los muchos fracasos de los últimos tiempos. Pero del error se aprende y se vuelve a planificar.

No deben quedar dudas de que aquellos modelos de industria militar, por fuera de la discusión ideológica, solidifican la política de defensa de sus intereses con lineamientos de largo plazo en el plano del desarrollo de la ciencia y tecnologia. Las potencias forjan su escudo no en la cantidad o calidad de sus medios, sino en su autonomía productiva, llevando sus efectos a otros ámbitos de su sociedad, entre economía, cultura, bienestar y sofisticación industrial. Lo mismo viene sucediendo en aquellos países en vías de desarrollo que buscan lugar dentro del concierto de las naciones mas poderosas: sus aspiraciones tienen su correlato en la construcción de medios que le permitan sentarse de manera mas cómoda a la hora de negociar cuestiones de alcance internacional. A contramano por acción u omisión, se encuentran aquellos Estados con nula determinación de autonomía de su política exterior o aquellos que por obra de su historia entran en procesos de decadencia y que conviven con fútiles disputas entre opciones racionalizadas por otros actores estatales. En ese sentido la teoría de la dependencia sale del cliché y se hace carne en el poder decisorio de las naciones.

El factor científico y tecnológico dentro del ámbito militar no es tampoco otra cuestión trillada dentro de una narrativa política. Puede aplicar al fin ulterior de la Defensa Nacional dentro del plano de la seguridad internacional, como convertirse en un medio para, como mencionamos anteriormente, brindar beneficios de impacto social y económico que dinamice la actividad de diferentes actores internos de la vida de un país. En esta linea y para llegar a resultados tangibles en el tiempo es fundamental romper con la tradición de limitarse al diagnostico, sino promover la propuesta sobre diferentes pilares en donde se puede posar un plan ambicioso en materia de tecnologia y producción para la defensa.

El pilar del consenso por un lado obliga a decisores, promotores y hacedores a configurar una visión conjunta en materia de producción para la defensa que saque del escenario el riesgo de la marcha y la contramarcha. Las aspiraciones deben ser compartidas y en ese sentido se puede apelar a la historia. Como mencionamos anteriormente, lo embrionario en materia de industria militar en la Argentina tiene enormes puntos de contacto entre los dos partidos mayoritarios del país a razón de que sus máximos lideres, han sido promotores decisivos en la formación del complejo industrial militar nacional. Teniendo en cuenta esto, el factor consenso puede tomar su ruta a raíz de la frondosa historia argentina, promovido esto en ámbitos de discusión institucional e interpartidarios relacionados a la materia tanto desde el lado legislativo como del propio ejecutivo.

Por otro lado, el largo plazo puede ser considerado como otro pilar fundamental para cimentar desarrollo en el ámbito. El largo plazo como concepto debe ser incorporado en aquellos que de manera eventual detenten el poder y tengan capacidad de incidencia dentro de las políticas de defensa nacionales. La búsqueda de resultados instantáneos en las ultimas décadas solo han promovido proyectos de vuelo corto y debatidos desde una óptica estrictamente partidista y reactiva. Es por eso que la paciencia estratégica debe ser un valor a alcanzar mientras esos pequeños proyectos escalan y se atan finalmente a los planes de capacidades militares.

A su vez, una estructura jurídica dinámica que sirva como vector del desarrollo y no como una traba burocrática para los avances. Las rigideces normativas pensadas en otro contexto histórico no necesariamente ayudan al fin al que se aspira, sino que llevan a la frustración de los procesos de diseño y fabricación. Por otro lado, las normativas generales de contrataciones no siempre pueden interpretar de manera correcta al campo militar, fomentando dificultad para encontrar proveedores o incluso el rechazo de empresas argentinas a trabajar en proyectos públicos. Es por eso que la jurisdicción defensa debe proyectar normativa especifica que contemple un protocolo de off-set serio (donde la Ley de Compre Argentino no cuaja) pensado en integración de tecnologia o de procesos industriales según un determinado monto de contratación o cantidad de equipos.

A su vez, y desde un enfoque interagencial, urge aplicar inteligencia industrial que releve las capacidades fabriles y de proveedores en el país apoyándose desde ya en las capacidades e información de otros ministerios. Para relevar y sistematizar los puntos fuertes y oportunidades, un «raviol perdido» dentro de la orgánica funcional del Ministerio de Defensa no alcanza. Teniendo en cuenta esto, un programa u oficina pensado estrictamente para el largo plazo y el consenso debe tener cierta relevancia y capacidad de maniobra que permita vectorizar planes de desarrollo de manera estratégica y de manera eficiente. Esta palabra, machacada en numerosas oportunidades, no es menor si se quiere romper con la tradición de proyectar mismas ideas entre agencias diferentes, con el esfuerzo presupuestario que esto implica. Diseñar una política militar industrial enfocada en el producto y no en el actor puede también resultar positivo: las ultimas décadas han apuntalado de manera forzosa ciertos desarrollos que no han generado interés por parte del mundo castrense y esto se debe exclusivamente a una desconexión del poder político sobre las necesidades militares o a la practicidad de producir algo ya familiarizado. Un enfoque sobre el producto apuntala la idea de poner los recursos sobre lo que necesariamente proyecta el país como necesario y que sea pasible de ser escalable. En misma sintonía y con inteligencia industrial, ponderar el ensamblaje, la integración, la coproducción o la fabricación independiente teniendo en cuenta a los diferentes actores relevados y con capacidades, siempre con un enfoque en lo que se busca de manera genuina.

Otro pilar a construir se posa sobre los recursos. Sobre esta cuestión, uno de los puntos mas débiles de la política de defensa en el país desde el retorno a la democracia, se constituirá una verdadera política de Estado que proyecte desarrollo en ciencia y tecnologia en sentido militar. El FONDEF al día de hoy se constituye como uno de los caballitos de batalla que dinamizaría al castigado sector, proveyendole con su sanción y reglamentación, de un presupuesto que se vuelque en reequipamiento. Si bien se encuentra a la espera de la aprobación del Senado, el horizonte de uso de estos fondos no debe caer la tentación de la «lista de supermercado«, sino mas bien posarse sobre el norte del desarrollo, integración y fabricación que active el complejo militar industrial y los diversos actores asociados a el.

Por ultimo la comercialización y transferencia deben funcionar de manera constante. Pensar en la venta de un producto militar al exterior no debería ser visto como un tabú sino una oportunidad de negocios o de mejorar las relaciones diplomáticas con otro actor. Una de las falencias mas pronunciadas en cuanto al desarrollo de nuestro complejo militar industrial radica en la limitación para proyectar mercado en el exterior, no ofrecer financiamiento o mostrarse titubeante con los planes de postventa. La simbiosis entre Defensa, Cancillería y Economía potencia la posibilidad de ventas, de ingresos de divisas y de generación de empleo en el país generando así un circulo virtuoso a un planteo de desarrollo científico nacional.

Si bien estos puntos no son para nada exhaustivos sobre la problemática, pueden ser considerados indispensables a la hora de construir lineamientos de largo plazo que resistan los vendavales del péndulo político argentino. Lo que urge es considerar puntos de contacto que faciliten la estructuración de clústeres de pensamiento, de políticas, de desarrollo y de producción que rompan con las marchas y contramarchas, y que de manera constante, avancen en propuestas de superación para el ámbito de la Defensa Nacional. Por otro lado, y en sentido practico, es también importante romper con otro tabú muy instalado y que provee serias dificultades para desarrollar tecnología militar: el concepto de lo letal. No resulta negativo pensar en tecnologías duales, pero si puede serlo pensar en que todo debe ser dual o incluso no letal. La conducta pacífica la otorga la praxis de la política exterior de una nación, no necesariamente la de los equipos militares pensados para garantizarla. Es por esto que pensar una política de desarrollo científico militar no implicará volvernos mas agresivos, sino, mas seguros y confiados de lo que queremos defender.

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13 COMENTARIOS

  1. es una pena que los mismos que exigen una industria militar pujante luego son los mismos que protegen y votan a gobiernos que achican y destruyen esa industria militar pujante que demandan,el gobierno anterior argentino cerro fanazul,descontinuo los contratos con INVAP,compro OPV en Francia y lanchas rápidas en Israel OLVIDÁNDOSE de que tenia 2 astilleros con capacidad ociosa como el astillero TANDANOR en dock sud Y EL ASTILLERO RIÓ SANTIAGO DE ENSENADA EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES sin olvidar que ese gobierno no realizo el mantenimiento bi-anual del ARA SAN JUAN OCASIONANDO SU HUNDIMIENTO.

  2. Raúl, te olvidaste decir que el gobierno anterior al de Cambiemos tardó 10 años en reparar el rompehielos «Almirante Irizar», gastando más plata de lo que hubiese salido comprar un rompehielos similar 0 km. Y en cuanto al «San Juan» también hubo responsabilidad del gobierno K…¿o te olvidaste el «al agua pato»?……con baterías truchas.

  3. La industria de defensa, más allá de su probada capacidad técnica, sufre siempre una deficiencia financiera producto de las malas administraciones de gobierno; la política, en general, siempre termina posponiendo los proyectos de lo que nuestras FFAA necesitan y buscan argumentos para justificar su permanente estancamiento:.. «no hay hipótesis de conflicto»…una elegante forma de expresar que «no nos interesa la defensa de nuestro país o ya nos gastamos la plata en otra cosa» a pesar de que es una de las obligaciones de todo gobierno federal. Décadas enteras dejándo arrumbar el material de la defensa para salir a polemizar solamente cuando se mata un piloto, cuando se hunde un buque o cuando nos quedamos sin balas. La industria Argentina tiene capacidad para producir pero sus dirigentes no tienen voluntad para éllo. El proyecto de los submarinos TR 1700 tiene más de 40 años, se proyectó la fabricación de 6 unidades en astilleros propios, al final solo nos quedamos con 2 que trajimos de Alemania, uno de éllos se hundió con sus 44 tripulantes y el otro está en reparaciones (?), no tenemos ninguno y se proyectó tener 8, ahora se piensa comprar submarinos usados de menos capacidad aunque no sabemos si éso se va a realizar; lo mismo sucede con nuestros aviones supersónicos, hace más de 15 años que estamos a la espera de una decisión y la FAA casi no tiene aviones de defensa. Argentina es una promesa que, al final, no se cumple.

  4. Amigo Alejandro, en su propia respuesta está dándole la razón al forista Raúl: usted prefiere pagar un poco menos pero que ese dinero vaya a mano de obra y know-how extranjeros. Fin de la discusión.
    Por otra parte, es falsa la supuesta existencia de baterías truchas en la reparación del SUSJ (se ve que hay gente que opina desconociendo lo que es un replacado); de hecho, los expertos atribuyen el siniestro a una falla de la válvula del snorkel POR FALTA DE MANTENIMIENTO. Las gafas politizadas no ayudan a ver la realidad.
    Saludos.

  5. Blas, si para terminar cuatro LICAS me van a demorar 20 años..entonces ¡por supuesto!!..prefiero comprar en el extranjero ( caso lanchas Shaldag a Israel y las OPV a Francia)

  6. El grave problema que tenemos los argentinos es la diametral diferencia que hay entre las visiones de las actuales dos principales corrientes políticas del país, no solo en el tema defensa. Habría que aprender de los vecinos. Brasil, con todos los gobiernos que van pasando, de diferente color político, no dejan de lado los grandes proyectos militares-industriales. Chile, otro tanto. SIn una política consensuada a largo plazo, vamos a seguir yendo y viniendo sin llegar nunca a alcanzar la capacidad militar necesaria para que nuestro país tenga la defensa militar que necesita.Hoy estamos en un estado de indefensión peligrosisima.

  7. La industria militar (Plumerillo. Mza) y sus jefes liberaron este país y los vecinos….observemos que en otros países del cono sur pasa lo mismo(esto de no ponerse de acuerdo)por ejemplo Venezuela y entenderemos porqué nos va como nos va …y es que somos como somos. El ejemplo Brasil y su proceso de independencia fue distinto….por eso son distintos…Chile , Ecuador, Bolivia el propio Perú…fueron liberados. Uruguay fue un acuerdo de vecinos tras una guerra. Acá y en Venezuela o Colombia las cosas son distintas…siempre tuvimos esa visión entre revolucionaria??y libertadora???. La cosa es que ese aire no nos esta dejando desarrollar. Hay que aceptar que siempre le pedimos a los militares la solución…Independencia, campaña al desierto…control de ríos y límites territoriales, salidas al mar(guerra triple alianza)…autonomías provinciales (federalismo)….todo lo resolvemos por la fuerza…y debe ser porque somos unos inutiles en la política sin ir más lejos en la pandemia también fuimos a pedirle la escupidera…la verdad es que hagámonos cargo…somos un país castrense y si fuéramos ordenados deberíamos ser potencia. Por eso las potencias occidentales (EEUU, Inglaterra,etc) nos ponen restricciones (más después de que en el 82 volvimos a nuestra genética) y las orientales harán lo mismo…nos intentaran tener bajo la suela. Hay que hacerse cargo…somos un país crisol de razas, y expansionista….. pero que tiene talento. Si tenemos talentos, aun los tenemos. Nuestro defecto tal vez tenga la misma raíz y es que estamos llenos de pícaros…que se transformaron en vagos y eso nos condena. La doctrina militar y su disciplina nos vendría muy bien pero claro ellos están acobardados después del estigma impuesto por una generación que les solto la mano despues de ir a buscarlos y otra que subsiguientemente se creyó que iba a la gloria intelectual y nos sumió en la pobreza no solo económica sino espiritual . Un gran utopía, una construcción pseudointelectual o pensamos que podemos ser potencia asi?….aislados, sin trabajar, creyendonos los campeones del mundo cuando tenemos miles de desocupados, sin matriz productiva, sin industria fuerte, sin peso en la moneda, endeudados, con gran porción del pueblo ignorante y con niveles de demagogia política abismales.

    Para sintetizar

    No hay dirigentes que en base a liderazgo postulen un programa de desarrollo en base a una hipótesis de futuro para la inserción sustentable del país a nivel mundial y por supuesto convenzan a propios y extraños de que el camino es tal.

    Solo nos falta a quien subordinarse y un plan a seguir. El problema es que llevamos más de un siglo sin dirigentes con luces. Y cada espasmo cívico militar nos arruinara mas…hay que pensar !

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