El día lunes 10 de agosto la Fuerza Espacial de Estados Unidos dio a conocer la doctrina que va a definir las capacidades y misiones de la reciente fuerza. La novedad es la definición del poder espacial como una forma totalmente separada de poder militar.

La fuerza fue creada en diciembre del año pasado por una directiva de la administración Trump, para concebir lo que había sido el anhelo de muchos policymakers de Washington durante décadas.

El Space Capstone Publication es la primera articulación del poder espacial como una forma separada y distinta de poder militar y es la base sobre la cual construir doctrina adicional a medida que se abordan continuamente desafíos en expansión.

El general Jay Raymond declaró que «Uno de los principios de un servicio independiente es la creación de doctrina”. “La publicación Space Capstone explica por qué el poder espacial es un elemento vital de la prosperidad y la seguridad de Estados Unidos, ahora y en el futuro, y guía su empleo en operaciones multidominio. A medida que el USSF continúe creciendo y madurando, continuaremos evolucionando nuestra doctrina para mantenernos a la vanguardia en la defensa de nuestros intereses en el espacio”. Cubriendo una serie de temas para incluir aspectos únicos del dominio espacial, la relación entre el poder espacial nacional y militar, y el empleo y desarrollo de fuerzas espaciales, esta doctrina fundamental sirve como una guía clave para la ética y los valores del servicio armado más nuevo de la nación.

El documento comienza expresando que al igual que en la tierra, los mares y los cielos la gran extensión más allá de la Tierra ahora está en disputa. Estados Unidos y sus aliados ganaron la primera carrera espacial, coronada con el alunizaje del Apolo 11 en julio de 1969. Desde ese momento el dominio del espacio no ha cambiado pero la humanidad si ha cambiado y los posibles adversarios de los EE.UU. han aumentado las posibilidades de una guerra en el espacio. Por primera vez la necesidad de una fuerza militar que proporcione seguridad y defensa en la órbita se hace realidad. La vida futura estará permanentemente influenciada por lo que pase en las capas exteriores de la atmósfera terrestre y los sistemas que la orbiten deberán ser protegidos de quienes quieran dañarlas y amenazar la paz y la seguridad. Solo garantizando ambas condiciones será posible la expansión de las actividades en la última frontera.

Los Estados Unidos expresan su deseo de un dominio espacial pacífico, seguro, estable y accesible para permitir la libertad de acción, disuadir y derrotar y proteger los intereses nacionales.

Definen dominio espacial como el área por encima de la altitud en la cual los efectos atmosféricos se vuelven insignificantes. Este dominio va a permitir actividad con un alcance, persistencia, resistencia y capacidad de respuesta que no puede obtenerse por otras formas. Es definido como un poder global ya que el sobrevuelo legal de cualquier punto de la tierra es una capacidad única y de alcance verdaderamente global.

Las fuerzas espaciales militares son quienes protegen, defiende y proyectan el poder espacial.  Emplean el poder en, desde y hacia el dominio espacial. Estas operaciones espaciales además de ser globales son multidominio ya que un ataque exitoso contra cualquier segmento (terrestre, enlace y espacial) puede neutralizar la capacidad espacial.

Las tres responsabilidad asignadas a esta nueva fuerza son (1) preservar la libertad de acción (2) permitir la letalidad y eficacia conjuntas y (3) brindar opciones independientes. Estas responsabilidades están ligadas a cinco competencias básicas que son la seguridad espacial, la proyección del poder de combate, movilidad y logística espacial, movilidad de la información y conocimiento del dominio espacial. Estas competencias requieren la disciplinas de guerra orbital, guerra electromagnética espacial, gestión de batalla espacial, acceso y sostenimiento espacial, inteligencia militar, operaciones cibernéticas e ingeniería / adquisiciones.

La doctrina Capstone, en su verdadera forma, no dicta respuestas operativas: sirve como una línea de base, fundada en la experiencia histórica pero impulsada por una visión duradera, que permite a los líderes adaptar sus decisiones a situaciones específicas. La doctrina se modificara en un futuro en base a la experiencia que vaya acumulando.

La comprensión del poder espacial depende de la comprensión del dominio espacial. Este se encuentra definido por el dominio del vuelo orbital el cual se produce por el movimiento sostenido más allá de la atmósfera y basado en trayectorias gravitacionales. Este medio físico es único porque carece de la resistencia como oposición al movimiento, pero sigue estando afectado por la fuerza gravitacional, aun así esto es una enorme ventaja porque en este medio pueden realizarse movimientos y mantener velocidades extremas sin propulsión. Y sobre todo la perspectiva que se obtiene desde la altitud es global y permite poder observar y vigilar legalmente la superficie terrestre de otras naciones ya que los límites del espacio aéreo soberano se extienden al espacio.

Para realizar estos vuelos orbitales que garantizan el dominio del espacio se requieren tres segmentos sin los cuales es imposible realizarlos. El segmento orbital comprende la nave espacial en orbital, el segmento terrestre el equipo necesario para operar y explotar las capacidades la nave y el segmento de enlace que comprende las señales del espectro electromagnético que conectan a los dos segmentos anteriores. Por lo que toma la forma de un sistema de sistemas que opera en dimensiones físicas, cognitivas y de red.

La dimensión física está determinada por la gravedad y la altitud requerida para el vuelo orbital. Las naves colocadas en órbita nunca regresan a la Tierra y los bienes fungibles y combustibles determinan la duración de la misión.  El alcance de las operaciones está determinado por las ventanas de acceso, la vida útil, la capacidad de supervivencia y las compensaciones entre tiempo, posición y energía total. La dimensión de red es la que permite el control y la explotación de las capacidades y esto se produce por medio de la arquitectura física y lógica que trabaja con los datos recopilándolos, transmitiéndolos y procesándolos. Además de las redes terrestres, el espectro electromagnético es también vital porque los datos, comandos y telemetría se transmiten a través de ondas. Por su carácter remoto es el conducto principal para el control y explotación del dominio espacial.

El vuelo orbital enfrenta las barreras de acceso y peligros propios del ambiente físico. Determinados principalmente por la cantidad de energía necesaria para colocarse en órbitas diferentes y por los peligros de una atmósfera que se contrae y expande continuamente, los demás objetos espaciales en órbita así como el clima espacial determinado por el viento, las partículas y la radiación expulsadas por el sol.

Finalmente la dimensión cognitiva está enfocada en las percepciones y procesos mentales de quienes transmiten, analizan, informan, deciden sobre la información que proviene del dominio espacial. Es fundamental porque las operaciones si bien se dan en un lugar físico alejado, son ejecutadas e interpretadas por seres humanos. Los agentes pensantes son quienes diseñan, emplean y explotan estos complejos sistemas. No se trata jamás de entes abstractos.

En cuanto al poder espacial, el documento lo señala como una fuente y conducto del poder nacional. Esta nueva forma de poder debe estar al servicio de la política y fortalecer los cuatro instrumentos del poder nacional: poder diplomático, poder de información, poder militar y poder económico. Es reconocido como una palanca más para ejercer influencia y control en el sistema internacional.

Pero su definición más exacta es la “capacidad de explotar el dominio espacial para lograr la prosperidad y la seguridad de la nación”. Es una fuerza relativa de la capacidad de un estado para lograr los fines de los cuatros instrumentos descritos en el párrafo anterior.

La forma de lograr este poder es mediante la acción espacial unificada la cual sincroniza todos los componentes del poder espacial nacional con el fin de apoyar los intereses nacionales. Las barreras y peligros mencionados vuelven poco práctico dividir el dominio espacial en actores civiles, militares, comerciales, etc. porque deben estar armonizados para reforzarse entre sí. Estos componentes se refuerzan mutuamente logrando beneficios comunes para los actores y la nación. En la actualidad todas la actividades espaciales civiles o militares se ubican en el régimen espacial geocéntrico pero es futuro pueden expandirse al régimen cislunar y más allá.

La forma de describir el poder militar en el espacio es similar a la de una posición elevada en un terreno de combate permitiendo un campo de visión más amplio, capacidad de alerta temprana y eliminación de la sorpresa. También la ventaja energética para operaciones más eficientes y extendidas en el tiempo, y es un obstáculo para el oponente.

El poder espacial militar se encuentra unido a la fuerza, y las fuerzas espaciales militares deben operar en este dominio para ganar guerras. Por lo que la naturaleza del espacial militar está determinado por la naturaleza de la guerra, las cuales son peleadas por seres humanos quienes imprimen al conflicto bélico incertidumbre, desorden, sorpresa, astucia por lo que en última instancia la guerra espacial al igual que las naves espaciales y satélites son un producto humano. La intensidad de la guerra en este dominio obtiene la forma de los objetivos y restricciones políticas como las guerras libradas en la superficie terrestre, marítima o aérea.

Esta nueva frontera es abierta por la ciencia, la tecnología y la búsqueda de ventajas. Pero estas guerras espaciales pueden no tener presente de forma universal la violencia física debido al avance tecnológico. La guerra se ha visto alterada y la velocidad, alcance y conectividad de los sistemas de armas permiten llevar a cabo guerras globales y multidominio. Los alcances y velocidad son los factores determinantes para la victoria y derrota. Alcanzarlos requiere una capacidad de recopilar, procesar, fusionar y difundir información a escala global, y las fuentes de esta información son externas al campo de batalla por lo que la defensa de las comunicaciones físicas y lógicas son vitales para el intercambio de información y plantear una defensa contra ataques no letales y no cinéticos de todos los dominios que tienen como objetivo final perjudicar el acceso a la información al adversario, romper sus procesos de decisión y paralizar sus fuerzas.

El alcance global del dominio espacial permite que las fuerzas produzcan efectos en los diferentes dominios además del espacial a rangos mayores y con huellas mínimas. Esto conforma por si misma una capacidad disuasiva enorme que influye en el comportamiento y toma de decisiones de los potencial agresores.

En la guerra espacial los beligerantes compiten en, desde y hacia el espacio para, como en todas las guerras, lograr objetivos políticos e imponer la voluntad propia al oponente. La guerra se desata cuando se introduce la violencia como medio de interacción entre los adversarios, y el poder espacial militar además de disuadir y brindar información puede infligir la violencia en forma letal y no letal.

En la guerra espacial el objetivo es la mente del adversario y neutralizar su capacidad y voluntad de resistir, nunca una nave espacial u objeto inanimado.

La competencia es contra actores pensantes y las fuerzas militares espaciales deben prepararse para burlar, maniobrar y dominar a estos agresores pensantes, no para neutralizar naves o satélites.

El poder espacial militar es único porque el dominio físico permite el sobrevuelo legal y persistente a nivel mundial, que permiten las naves espaciales y el régimen legal internacional. A través del acceso a áreas denegadas o de difícil acceso aeroterrestre se nutre el conocimiento del dominio y el proceso de toma de decisiones. Las capacidades ISR espaciales en combinación con las terrestres y aerotransportadas revolucionaran la obtención de inteligencia para que las fuerzas militares puedan monitorear y responder a escala global. Se torna difícil para un adversario emprender acciones ofensivas o esconderse de una perspectiva que es a la vez global, legal, penetrante y persistente.

La comprensión completa del poder espacial militar debe abarcar las dimensiones físicas, de red y cognitivas. Las tres dimensiones están influenciadas simultáneamente e interrelacionadas. En la dimensión física el componente crítico es identificar, apoderarse, explotar y proteger ubicaciones valiosas, específicamente son las trayectorias orbitales clave y las líneas de comunicación. Las primeras son las cuales desde donde una nave espacial puede apoyar a los usuarios, recopilar información, defender otros activos o enfrentarse al adversario. Pueden ser definidas en relación con un cuerpo celeste, un estado de energía ventajoso o en relación con otras trayectorias. Mientras que las líneas de comunicación son las rutas que conectan las fuerzas militares empleadas con una base de operaciones y por la cual se mueven los suministros y las fuerzas militares. Su control permite el reposicionamiento, el reabastecimiento y el refuerzo oportunos de las fuerzas militares dentro del dominio espacial.

En la dimensión de red los ejemplos de maniobras tácticas incluyen el software de monitoreo y defensa, ataque a los sistemas informáticos del adversario, la duplicación de redes,  amplificación de señales, cambio de frecuencias,  actualización del cifrado y el ajuste de las rutas de datos. Los ataques físicos o lógicos contra cualquier segmento de esta dimensión pueden aislar un sistema espacial de su usuario final. La dimensión cognitiva por su parte implica la capacidad de observar y orientarse en un entono para decidir y actuar eficazmente en una ubicación remota. En la guerra espacial, muchos de los objetivos más críticos se logran en la dimensión cognitiva. La superioridad de decisión, la disuasión, la disuasión, la competencia y la seguridad se manifiestan aquí.

El espectro electromagnético afecta a las tres dimensiones, es un espacio de maniobra física donde residen los enlaces y las conexiones entre las naves y los operadores terrestres. Pero también es lo que permite la difusión de datos que impactan en los procesos cognitivos de la toma de decisiones. De forma independiente la radiación electromagnética de origen natural puede representar un riesgo tremendo para la electrónica de la nave espacial. La energía dirigida armada puede dañar una nave espacial o sus cargas útiles. La energía electromagnética puede interrumpir o negar los enlaces EMS, aislando una nave espacial de los operadores y usuarios. Si no se protege, se pueden inyectar datos o información falsa a través del EMS en las redes espaciales, lo que permite a los adversarios manipular los procesos cognitivos de los responsables de la toma de decisiones y los operadores del sistema espacial.

Las fuerzas espaciales militares en primer lugar deben preservar la libertad de acción en el dominio espacial, garantizando el acceso sin restricciones y la libertad de operar.  Esto significa una condición estratégica en la que una nación o actor soberano tiene un nivel relativo de capacidad o control para lograr los cuatro componentes del poder nacional. Es un imperativo operativo tanto en la paz y la guerra. Es importante remarcar que las fuerzas espaciales militares deben mantener una perspectiva estratégica y los requisitos más allá del uso de la fuerza militar, es decir, no deben enfocarse solamente en el poder militar. La preservación de la libertad de acción es la razón existencial de las fuerzas espaciales.

En cuanto a la expresión del término, pueden darse en condiciones de paridad (cuando ninguna fuerza tiene una ventaja relativa en un momento dado), superioridad espacial (cuando hay un grado relativo de control para operar sin interferencias prohibitivas) o supremacía espacial (cuando las operaciones se realizan con relativa impunidad). La última de ellas es el estado duradero menos deseable porque introduce un elemento de mayor probabilidad de error en el cálculo y análisis del enemigo, aumentando el riesgo de una escalada irreversible. Pero la supremacía puede obtenerse por acción deliberada para crear una ventana de tiempo para lograr un objetivo específico, en un tiempo específico.

El poder espacial permite la difusión de información a alta velocidad a escala mundial. La información puede enviarse a entornos austeros y carentes de infraestructura, también permite capacidades como el ataque de precisión, alerta estratégica y proyección de poder, fundamentales para las guerras modernas. Maximizar la letalidad y eficacia requiere un cuadro de fuerzas espaciales preparadas para integrar el poder espacial en todas las operaciones nacionales y conjuntas. Pero también es igual de importante que estas fuerzas puedan lograr efectos estratégicos de forma independiente. La gama de opciones que ofrecen las operaciones espaciales permiten asegurar los intereses nacionales o disuadir enemigos mediante, por ejemplo, el reposicionamiento de una nave. La capacidad de vigilancia global obliga a los enemigos a gastar energías en neutralizar la capacidad de perspectiva de los sistemas en el espacio, así como preocuparse por el aumento de la letalidad que aportan a los sistemas de disuasión convencional del enemigo a atacar. La disuasión final es lograda por la atracción de socios que buscan actuar en conjunto apoyando los objetivos de los Estados Unidos y potencian la disuasión que individualmente logra esta nación.

Las fuerzas espaciales van a ejecutar cinco competencias básicas. La primera de ellas es la seguridad en el espacio protegiendo los intereses nacionales garantizando condiciones de acceso seguro y manteniendo una presencia para expresar la determinación en el mantenimiento de los intereses. La promoción del intercambio de información, conocimiento, capacidades de autoprotección, monitoreo electromagnético, protección de líneas de comunicación y el comercio espacial con socios será producto de la determinación expresada para lograr la seguridad. La segunda competencia es la proyección de poder de combate que garantiza la libertad de acción, porque el poder de combate es necesario para proteger, defender y derrotar amenazas, no es para buscar objetivos estratégicos. Los fines de la proyección de poder pueden ser ofensivos u defensivos. Las operaciones ofensivas buscan negar la capacidad del adversario al espacio, y las defensivas mejorar el control propio sobre el espacio. Estas últimas pueden ser activas, si tienen como fin interceptar el empleo de capacidades del enemigo contra las propias, o pasivas, si simplemente buscan garantizar la supervivencia de los sistemas, pero siempre estarán orientas a proteger y preservar las capacidades propias o amigas durante un ataque. Las primeras (ofensivas) en cambio apuntan a reducir la efectividad y letalidad de las fuerzas adversarias, y no se limitan a realizar solo en el dominio espacial sino que pueden dirigirse al dominio terrestre o cibernético que permiten operar los sistemas.

Otras de las competencias es la movilidad logística y espacial que comprende el movimiento y apoyo del equipo y personal en el dominio espacial, a través de este y de regreso a la Tierra. Lo vital es garantizar la capacidad de lanzamiento espacial, pero también el sostenimiento orbital para reponer combustibles y la inspección y resolución de anomalías, actualizaciones y mantenimiento. La siguiente competencia es la movilidad de la información, que incluye las comunicaciones punto a punto, de difusión, enlaces de larga distancia, comunicaciones estratégicas protegidas, advertencia de misiles y detonaciones nucleares e ISR. Permite compartir información con amplio alcance, sincronizando la proyección de poder a escala global y en todos los dominios.

Finalmente, la conciencia del dominio espacial abarca la identificación, caracterización y comprensión efectivas de cualquier factor asociado con el dominio espacial que podría afectar las operaciones en este medio, lo que terminaría derivando últimamente con consecuencia negativas en la seguridad, protección, economía o el medio ambiente de los Estados Unidos. Por ello la conciencia del dominio debe ser predictiva para sintetizar los hechos y la evidencia para llegar a los resultados futuros posibles y probables. Es un desafío de big data, porque se debe recopilar, sintetizar, fusionar y dar sentido a volúmenes enormes de datos de diversas fuentes para garantizar el conocimiento del dominio. Las fuerzas espaciales deben tener información del clima espacial, condiciones de iluminación, topología gravitacional además del posicionamiento de otras naves y escombros, rastrear misiones, intenciones, capacidades y patrones. También debe abarcar los enlaces y nodos que posibilitan el vuelo orbital y el movimiento de información que incluye la frecuencia, acceso, potencia y ubicación de los enlaces electromagnéticos con las vías lógicas y físicas necesarias. Y no olvidar la dimensión cognitiva para permitir que los comandantes detecten los engaños y determinen las intenciones del adversario. La información no estará disponible todo el tiempo por lo que es necesario planificar para poder predecir resultados y condiciones, que a su vez van a alimentar nuevamente la conciencia del dominio.

En cuanto a una cuestión separada que es el comando y control (C2) de las operaciones espaciales se puede decir que está definido con una delimitación inequívoca en la cadena de mando, las relaciones de apoyo interorganizacional y de los niveles de control delegados.

La situación operacional definirá la arquitectura de control que podría organizarse en base al régimen orbital sobre el que se opera, a lo largo de competencias o mediante la integración de las competencias en paquetes de fuerzas.

Una sola nave puede soportar múltiples teatros y puede amplificar la acción táctica propagando los resultados a los niveles operativos y estratégicos.

El C2 espacial requiere un ciclo completo de decisión complejo, en un gran punto muerto físico, sincronización entre organizaciones de coordinación dispares y una gestión eficiente de un grupo limitado de recursos. Se encuentra orientado hacia la acción táctica para superar al adversario tomando y manteniendo la iniciativa. Pero las fuerzas espaciales no pueden operar como unidades aisladas y discretas porque carecería de la imagen operativa necesaria incluso para la acción táctica por lo que debe fusionarse una transmisión vertical (guía, dirección, estado) con la transmisión horizontal (conciencia oportuna y anticipatoria). La ejecución de las operaciones es descentralizada en órdenes tipo misión que permiten la iniciativa táctica, porque es la unidad táctica la que posee mejor conciencia localizada y está mejor situadas para aprovechar las oportunidades y comunicarlas a otras unidades con la que se unen en un paquete de fuerza para ejecutar las misiones asignadas. Correctamente implementado el mando y control fomentará la iniciativa disciplinada, la capacidad de respuesta, la creatividad táctica y la acción interdependiente, todos ellas sincronizadas centralmente para lograr capacidades globales.

Las fuerzas espaciales militares son combatientes que protegen, defienden y proyectan el poder espacial de los Estados Unidos y su objetivo principal no es otro que asegurar los intereses de la nación mediante la disuasión y, cuando sea necesario, la aplicación de la fuerza. La diferencia entre sistemas civiles y militares no es otra que es la cultura de la guerra. Estas fuerzas participan continuamente en la competencia militar necesaria para disuadir y contrarrestar las amenazas de los competidores. Y deben comprometerse con dos profesiones exigentes: la guerra y el dominio del espacio. Una dualidad que combina el arte y la ciencia para constituir el propósito, identidad y cultura central de la comunidad espacial militar.

Las culturas de la guerra se centran en el adversario.  Los problemas de adaptación pueden ser externos (cuando los define el adversario) o internos (si se centran en la preparación para el combate). Estas fuerzas militares deben luchar contra la incertidumbre en un entorno dinámico tomando la iniciativa mediante la ejecución descentralizada y los principios tipo misión del mando. La eficacia se mide en términos de victoria o derrota.

Es el imperativo de la victoria lo que engendrará el espíritu tenaz de lucha y la determinación inquebrantable para superar y dominar al adversario.

Las disciplinas del poder espacial serán:

Guerra orbital: conocimiento de la maniobra orbital, así como de los movimientos ofensivos y defensivos para preservar la libertad de acceso al dominio. Habilidad para asegurar que las fuerzas espaciales de los Estados Unidos y la coalición puedan continuar proporcionando capacidad a la Fuerza Conjunta mientras niegan esa misma ventaja al adversario.

Guerra electromagnética espacial: conocimiento de la conciencia del espectro, maniobra dentro del espectro y ofensivas no cinéticas dentro del espectro para negar el uso de enlaces vitales por parte del adversario. Habilidad para manipular el acceso físico a las vías de comunicación y conciencia de cómo esas vías contribuyen a la ventaja del enemigo.

Gestión de batallas espaciales: conocimiento de cómo orientarse hacia el dominio espacial y habilidad para tomar decisiones para preservar la misión, negar el acceso del adversario y, en última instancia, garantizar el cumplimiento de la misión. Capacidad para identificar acciones y entidades hostiles, realizar identificación de combate, apuntar y acción directa en respuesta a un entorno de amenazas en evolución.

Acceso y sostenimiento del espacio: conocimiento de los procesos, el soporte y la logística necesarios para mantener y prolongar las operaciones en el dominio espacial. Capacidad para recurrir, aplicar y aprovechar el poder espacial en, desde y hacia el dominio espacial.

Inteligencia militar: conocimiento para llevar a cabo operaciones basadas en inteligencia y centradas en amenazas basadas en los conocimientos. Capacidad para aprovechar la comunidad de inteligencia más amplia para garantizar que el poder espacial militar tenga las capacidades ISR necesarias para defender el dominio espacial.

Ingeniería y adquisición: conocimiento que garantiza que el poder espacial militar tenga las mejores capacidades del mundo para defender el dominio espacial. Capacidad para formar asociaciones científicas, tecnológicas y de adquisición con otras organizaciones espaciales de seguridad nacional, entidades comerciales, aliados y el mundo académico para garantizar que los combatientes estén equipados adecuadamente.

Operaciones cibernéticas: conocimiento para defender las redes globales de las que el poder espacial militar depende de manera vital. Capacidad para emplear seguridad cibernética y ciberdefensa de redes y sistemas espaciales críticos. Habilidad para emplear futuras capacidades ofensivas.

La victoria asegurara los intereses y la prosperidad de los Estados Unidos. La derrota pondrá en peligro los ideales políticos sobre los que esa nación se erigió.

Esta última frase ejemplifica perfectamente la importancia del componente militar de cualquier nación. Los Estados Unidos han dado un salto asombroso hacia la concepción de la primera fuerza militar que operara más allá de los límites de nuestro hogar compartido, la Tierra. Si la disputa por esa nueva frontera será de la misma intensidad y características, será algo que determinará la historia y excede nuestras capacidades de predicción actuales. Pero renunciar a saberlo o dejar que otros lo determinen no puede ser una opción para los Estados, cuyo objetivo supremo e irrenunciable siempre ha sido y será la supervivencia como unidad política.

El dominio espacial está abierto para todos y es innegable que la humanidad solo irá hacia adelante en lo que respecta a su explotación e importancia para la vida interior y exterior al planeta. A lo largo de las dos décadas siguientes seguramente veremos más estados que comenzaran a plantear lo que Estados Unidos comenzó esta semana. La disputa y la necesidad de la utilización del dominio espacial será algo que ninguna nación activa en el sistema internacional podrá no prestarle la debida atención. Solo las naciones activas pueden garantizar su seguridad y por consiguiente la prosperidad para los ciudadanos. Vale la pena parafrasear al pensador de las relaciones internacionales Hans J. Morgenthau, quien señaló que las naciones activas en la política internacional siempre se están preparando para la violencia organizada en la forma de guerra. Las fuerzas militares espaciales y el conflicto en la última frontera son algo que indefectiblemente será una realidad.

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