Los conflictos armados han moldeado nuestra sociedad y forjado nuestra identidad desde el principio de la historia. Imperios han nacido y perecido bajo la empuñadura de algún arma a tal punto que hasta se podría decir, que los conflictos y las guerras forman parte de la dinámica compleja inherente a la naturaleza del sistema internacional.

Sin embargo a pesar de ser capaces de citar varios conflictos armados ocurridos en nuestro tiempo, continuamos considerándolos como fenómenos aislados, casi extraordinarios. Pero en la realidad esto no es así, sino que por el contrario, suceden con frecuencia y su origen, comúnmente, puede ser rastreado en el tiempo con períodos de auge y distensión.

Fácilmente se puede observar con qué recurrencia, en diarios y canales de noticias, se pueden encuentran estos fenómenos, y a su vez notar, cómo estas historias que se desprenden de estos fenómenos están fuertemente ligados a la interacción entre el hombre y el armamento, lo cual le concede a la misma, un notable cuota de dolor, destrucción material, e incluso la muerte.

Sin embargo, y a pesar de tratarse de un fenómeno tan antiguo y vastamente documentado por historiadores, antropólogos y profesionales de lasc ciencias sociales, aún en el campo de la comunicación, los conflictos internacionales carecen del tratamiento profesional que requieren.

La comunicación atraviesa todos los fenómenos políticos y sociales, donde los conflictos armados como tal, precisan de un tratamiento que no resida en simplificaciones o prejuicios. Pero lamentablemente, eso es lo que obtiene cotidianamente el consumidor de noticias que adquiere una realidad simplificada del hecho.

A pesar del carácter protagónico de los conflictos internacionales en la construcción de la realidad social y la historia de la humanidad, el campo de la comunicación ha descansado en la vulgarización de la información referente a estos tópicos, donde el lenguaje y los conceptos específicos propios del ámbito de la defensa y la seguridad internacional, son inexistentes, y la desinformación es moneda corriente.

La dinámica de los conflictos y la seguridad internacionales requiere de un tratamiento específico de la noticia, donde el comunicador debe conocer el lenguaje y los conceptos propios del Instrumento Militar, que son aquellos que salen a relucir cuando se abordan temas asociados a la seguridad internacional y la defensa. En este punto es responsabilidad de los medios de comunicación, y el periodismo en general, el nutrirse de estos conocimientos y evitar caer en la tendencia simplista que abunda en el campo de la comunicación.

Los conflictos armados y el mundo de la defensa pertenecen a un área sensible de la información que requiere del tratamiento especializado de la misma por tratarse de temas vinculados, no solo a los intereses entre los actores en el sistema internacional, sino también por tratarse de un área asociada al uso de armamento, cuya finalidad principal, es el acto de la guerra, aunque no sea necesariamente el único fin. 

Informar sobre conflictos en la seguridad internacional, conlleva la responsabilidad de aprender sobre estos conceptos específicos y del dilema político y social que envuelve al mismo, para ofrecer al lector una mirada clara y fidedigna de la realidad que lo rodea.

El campo de la comunicación, en general, ha quedado atrapado en la voracidad del lector moderno que busca información fácil de procesar a un clic de distancia, pero sin embargo es competencia de los comunicadores otorgar la importancia y profesionalismo que el ámbito merece, para evitar caer en el cliché de la inexactitud, desinformación por exceso de la misma o propaganda.

Reflexionemos entonces, sobre lo que leemos cuando consumimos noticias y sobre lo que comunicamos cuando informamos, porque aunque comunicar defensa parecería no importarle a nadie en nuestro país, al menos los que hacemos periodismo en defensa, procuremos comunicar porque sí importa.

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