El Océano Ártico es el más pequeño del planeta, el más inhóspito y foco de una creciente disputa. Alberga una porción importante de las reservas de crudo y gas natural no exploradas y abundantes recursos minerales. Además, es un área de alto valor geopolítico y se espera que, con el derretimiento del hielo que las cubre, aparezcan nuevas rutas comerciales más redituables por el Mar de Siberia.

La proximidad del océano ártico a EEUU, así como a varios de sus socios en la OTAN, y Rusia empuja a que los acontecimientos se estén desarrollen con mayor velocidad y beligerancia aquí que en su contraparte austral. Sin embargo, independientemente de sus diferencias, puede resultar útil entender que es lo que pasa en el Océano Ártico para prevenirnos sobre el devenir de los acontecimientos en la Antártida.

Una de las razones de su importancia, más allá de los recursos naturales, es que se encuentra demasiado cerca del principal poder militar del globo, EEUU, y uno de sus rivales estratégicos, la Federación Rusa. A esto hay que sumarle que el resto de los Estados con reclamaciones territoriales sobre el polo norte son miembros de la OTAN (Canadá, Dinamarca y Noruega). Así quedan claramente demarcados dos bandos, por un lado Rusia y por el otro todos los demás.

Si bien las disputas por este territorio no son nada nuevo, los eventos resientes nos develan una creciente puja por su control.

Un claro ejemplo son las sucesivas maniobras militares llevadas a cabo por ambos bandos. En el caso de la OTAN, realizó su primer gran ejercicio militar desde el 2002. En la operación Trident Juncture, iniciada en noviembre del 2018, los miembros de la alianza, a los que se sumaron Suecia y Finlandia, desplegaron 50000 efectivos, 10000 vehículos terrestres, 65 barcos y 250 aviones en territorio noruego, a apenas mil kilómetros de la frontera rusa. Esta región fue elegida por su relativa cercanía, no solo a Rusia sino también al Ártico. 

La respuesta no se hizo esperar y, en septiembre del 2019, la Federación Rusa, junto a China e India, movilizaron cerca de 127000 soldados, 20000 vehículos, 600 aviones y 15 buques de guerra en la maniobra conjunta Tsentr-2019.

Estos son dos ejemplos a gran escala, pero los ejercicios militares orientados a preparar a las fuerzas para combatir en el frío extremo son asiduos, como el Artic Edge, realizado en marzo del 2018 en Alaska.

Más allá de las grandes demostraciones de fuerza, los Estados con reclamaciones territoriales en el Ártico buscan otros mecanismos para expandir su influencia sobre la zona. Canadá, por ejemplo, abrió en 2013 una base militar en la Bahía Resolute que cuenta con un aeropuerto e instalaciones para el entrenamiento de tropas. También tienen un Grupo de Respuesta del Ártico (Arctic Response Company Group). A su vez, Dinamarca creó un mando militar especial para el Ártico.  En lo que respecta a Noruega, mantiene una disputa territorial con Rusia por las islas de Svalbard, el asentamiento con población permanente más septentrional del del mundo, la mayoría de los cuales son eslavos. Si tenemos en cuenta el antecedente de Ucrania, no sorprende entonces el aumento de la presencia militar estadounidense y el plan del gobierno noruego de expandir su base militar en Porsangermoen y construir estaciones de vigilancia cerca de la frontera rusa en Sor-Varanger.

Rusia, por su parte, está abriendo o modernizando bases militares en la zona del mar de Siberia (cerca de 50, muchas heredadas de la URSS), tales como la de la isla Kotelny, las cuales no solo sirven para expandir el musculo militar del Kremlin hacia el norte, sino que esperan poder asegurar la ruta marítima siberiana, que surgiría por el derretimiento de los casquetes polares.

En compás con las medidas de corte político-militar, Rusia también está llevando adelante un programa para la extracción de gas y petróleo en el área, si bien enfrentan dificultades por las sanciones internacionales que pesan sobre este país. Las condiciones para la explotación de hidrocarburos son por demás un desafío de ingeniería, con profundidades que alcanzan los 5 km y grandes extensiones cubiertas por hielo.

Si bien son muchas las diferencias desde el punto de vista geoestratégico que tienen los dos polos, no deben de dejar de llamarnos la atención sus similitudes: Ambos son territorios vírgenes, fuentes de recursos naturales no renovables y, por ende, propensos a ser focos de conflicto. Si hacemos hincapié en el continente Antártico, y observamos en prospectiva, puede decirse que tenemos un adelanto sobre cómo continúa la historia, aún incompleta, pero todavía nos falta mucho para estar prevenidos ante los acontecimientos por venir.

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