Parece ser que Estados Unidos no se repone de su disgusto con Turquía, un país claramente rebelde, que se atrevió a desafiar al gigante de las armas.

Pensar que hace poco más de un año, Turquía recibía sus dos primeros cazas F-35, aunque no sin el recelo de Estados Unidos, por el vínculo que éste mantiene con Rusia, pero en particular, por el acuerdo de compra del sistema de misiles S-400 Triumf.

Durante el proceso hubo amenazas de sanciones, pedidos de apaciguamiento, y una Rusia despreocupada y diplomática, que asevera que ambos sistemas de armas pueden coexistir bajo un mismo techo. Es decir, bajo el control de Turquía, miembro de la OTAN y aparente aliado estratégico en materia de cooperación militar con Rusia, antiguo enemigo y razón de ser de la OTAN*.

Desde este punto de vista, el fastidio es comprensible, y la postura estadounidense necesaria, sin embargo también es clara la actitud turca y su terquedad a no renunciar a la adquisición del S-400. Anteriormente, Turquía había solicitado la aprobación para la venta del sistema Patriot, pero el pedido fue negado, dado que EEUU no quiso acceder a vender el sistema bajo las condiciones que incluían la transferencia de tecnología.

La situación dejó las puertas abiertas para que ese vacío fuera llenado por otro competidor, y el timing de Rusia en su oportunismo, no pudo haber sido mejor, ofreciendo a Turquía una opción de venta más que digna, para la protección de sus cielos.

Después de tantas idas y venidas, finalmente los F-35 no llegarán a Ankara, mientras que los sistemas S-400 ya se encuentran en el país próximos a ser puestos en servicio para abril del 2020, según anunció recientemente Erdogan. Entonces, ¿cuáles son las alternativas de reemplazo del F-35 para el aliado de la OTAN?

En primer lugar, como no podría ser de otra manera, Rusia se mostró más que dispuesto a prestar una solución. El CEO de Rostec, Sergei Chemezov, hizo una declaración clara sobre las intenciones de Rusia diciendo que «Si nuestros colegas turcos expresan su interés, estamos listos para trabajar en la entrega del Su-35». Con lo cual, una opción para Turquía sería obtener el Su-35 ruso. También se habló del Eurofighter Typhoon y del JAS 39 Gripen de Saab.

Por otro lado, Turquía se encuentra desarrollando un proyecto muy ambicioso a largo plazo que tiene como objetivo producir su propio avión de quinta generación, el caza «TF-X».

Pero mientras tanto, Rusia se entusiasma con la idea de vender su avión Su-35, entendiendo que esto podría perjudicar aún más las relaciones de por sí tensas, entre Washington y Ankara. Según el Viceprimer ministro ruso, Yuri Borisov, el precedente ya se ha asentado, con lo cual se podría esperar que de no reconciliarse las partes, Turquía podría acceder a comprar el Su-35.

Sin embargo, esto implicaría una alienación significativa de Turquía, aliado estratégico de EEUU y miembro de la OTAN, situación más que ventajosa para Rusia. Queda aclarar que ambos mandatarios de dichos han mantenido tres reuniones en lo que va del año 2019 con grandes proyectos de cooperación militar y hasta se discutió incluso, la posibilidad de brindar transferencia de tecnología del sistema S-400 a Ankara.

Por ahora, las relaciones entre Estados Unidos y Turquía no transitan su mejor momento, pero quién sabe qué sucederá, las opciones están sobre la mesa, solo quedará por ver qué ficha moverá Turquía, y con quién se asociará.

*En referencia a la ex Unión Soviética. Sin embargo, la OTAN continúa reafirmado su enemistad con la Federación Rusa.

1 COMENTARIO

  1. Las relaciones de Turquía y EE.UU seguramente pasan por el peor de los momentos de su historia. Las causas son muchas y lo que se ve como evidente es sólo la punta del iceberg. Pero también las relaciones internas de la OTAN están pasando por un mal momento, especialmente entre sus socios europeos y EE.UU. El país del norte ha acusado repetidamente a sus socios transatlánticos que éstos se abusan de la generosidad de EE.UU para con su propia seguridad, habiendo relajado la mayor parte de sus miembros las asignaciones militares para la defensa común, siendo Alemania un caso crítico. Por otra parte, EE.UU ha visto con desagrado cómo Rusia está realizando excelentes negocios en materia de energéticos con sus pares europeos (Nord Stream 1y 2 con Alemania, Blue Stream y Turkish Stream con Turquía), a expensas de sus propios negocios de gas licuado con Europa, más aún cuando la mayoría de los países de Europa están abandonando la opción nuclear como fuente principal de energía. EE.UU ha reaccionado duramente aplicando sanciones a las empresas europeas que hagan negocios con las empresas rusas (así como aquellas que lo hagan con Irán), volviendo muy dura la vida a muchas grandes empresas europeas cuyos lucrativos negocios en EE.UU (y en Irán) se han visto afectados, destapando graves grietas transatlánticas que seguramente dejarán sus huellas. EE.UU no puede dejar pasar que Rusia se inmiscuya también en el lucrativo mercado de los armamentos norteamericanos en Europa, un mercado que considera propio por naturaleza, más aún si se trata de un país miembro de la Alianza. Para EE.UU sería una gigantesca pérdidá estratégica si Turquía abandona la OTAN a causa de la negativa norteamericana a suministrar los F-35; pero lo sería aún más si Turquía permanece en la Alianza transatlántica habiendo perpetrado el precedente de la compra de armamentos de última generación de Rusia, en especial si éstos fueron comprados ante la negativa estadounidense de suministrar armas similares o para el mismo fin. EE.UU necesita que el caso turco sea ejemplificador acerca de futuras acciones similares. El caso es que la conducta norteamericana está causando su impronta negativa en Europa. Son muchas las voces europeas que hablan de la creación de un ejército y una armada europeas, que se encuentren libres de las obligaciones con la OTAN y que sirvan a los intereses europeos (léase UE); y también son muchos los ojos que ven a Rusia no como el país causante de su propia aniquilación final, sino como un excelente socio para realizar beneficiosos negocios. Putin necesita seguir presentando a su país como un peligro latente, pero más por salvaguardia personal para mantenerse en el poder, que el reflejo de una realidad cada vez más distante. Rusia tiene una economía débil para seguir pretendiendo disputar una carrera militar global con EE.UU y China, por ello recurre su mejor arma: la astucia política, que ha caracterizado siempre al gigante moscovita. Por supuesto que Rusia sigue siendo Rusia, y tiene el mayor arsenal nuclear del mundo, así como uno de los mayores ejércitos y dispone de los mayores avances tecnológicos de la humanidad, pero su economía es muy pequeña. A pesar de esfuerzos notables es superada por países como Corea del Sur, Canadá, Brasil o Italia y es seguida de cerca por Australia, México o Indonesia. Por supuesto que ninguno de éstos países a nadie se le ocurriría pensar que disponen de recursos como para lidiar por la hegemonía mundial. Pues Rusia tampoco los tiene, a pesar de que algún que otro nostálgico aún lo sostenga. Rusia no tiene dinero para invertir al mismo tiempo en el desarrollo de nuevos ICBM, misiles hipersónicos, armas láser, radares cuánticos, militarización del espacio, aviones de quinta generación, submarinos y portaaviones nucleares al mismo tiempo. De allí sus demoras productivas con respecto al Su-57 y sus dudas en decidir acerca de sus nuevos portaaviones, por ejemplo. Además, las sanciones aplicadas por EE.UU en virtud de la ley CAATSA están perjudicando grandemente las exportaciones de armas rusas, incluso a mercados tradicionales que se remontan a la era Soviética, degradando aún más la ya endeble economía rusa. De todas maneras, Europa se encuentra en rumbo de separación con EE.UU., no sólo en cuestiones económicas, sino también geopolíticas. Siente que Norteamérica ha intentado manipular la peligrosidad rusa para generar mayores volúmenes de negocios armamentísticos en Europa, por ejemplo el F-35, o convertir a Polonia y Rumanía en países tapón y la instalación en ellos de los sistemas Aegis Ashore. Europa busca su propia identidad y necesita autodeterminación para acelerar su economía y tomar sus propias decisiones estratégicas al márgen de la cada vez más obsoleta OTAN. Es por ello que los países más representativos de Europa, Francia y Alemania, no han accedido a contar entre sus efectivos con el F-35, sabedores que el avión estadounidense no sólo es un devorador de recursos monetarios directos, sino un debilitador de la autodeterminación, siempre que será al mismo tiempo que un arma tecnológica (sin ahondar en este concepto), una eficaz herramienta política en manos de EE.UU. Es por ello que ambas naciones continentales son el ejemplo viviente de la oposición a EE.UU. Aún sin dejar de ser aliados, producen las sinergias tecnológicas y económicas necesarias para intentar despegar definitivamente a Europa de la dependencia paternalista de EE.UU, rezago de la SGM y la Guerra Fría. La negativa al F-35 y el desarrollo del FCAS es el ejemplo más claro de este proceso. En el medio de toda esta vorágine está Turquía, país rebelde, que ha empezado a hacer notar hacia qué orilla del Atlántico empiezan a correr las aguas.

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