Cuando cuatro buques tanqueros comerciales fueron víctimas de sabotaje en la costa de Fuyaura, en el Estrecho de Ormuz, la tensión en Medio Oriente se intensificó, augurando una situación de escalda, en un conflicto regional que viene de larga data. 

El ataque fue adjudicado a Irán,  como así lo aseveró el consejero estadounidense de Seguridad Nacional John Bolton, el mes pasado, en el marco de su llegada a los Emiratos Árabes Unidos: «Irán estuvo casi seguramente detrás de los actos de sabotaje del 12 de mayo». Aparentemente, se habrían utilizado minas navales para perpetrar el ataque. 

En la pugna, se encuentran enfrentados Irán, por un lado, y Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, y Estados Unidos, por el otro, como principales disparadores de una posible escalada. 

El estrecho de Ormuz, área geográfica donde ocurrió el evento, refleja unos de los pasos marítimos más importantes del comercio internacional, junto con el Canal de Suez y Panamá y el estrecho de Malaca. Allí, en Ormuz, circula la tercera parte del petróleo mundial, conectando el crudo del Golfo Pérsico a Occidente. Y quién controle estos pasos, controlará sin duda, un porcentaje importante de la economía mundial. 

La situación en el estrecho de Ormuz

Estados Unidos impuso sanciones a las exportaciones de petróleo iraní. Asimismo, Washington está presionando a la república islámica para que reduzca su programa nuclear y deje de respaldar a militantes en Medio Oriente.

«Esta decisión busca llevar a cero las exportaciones de petróleo de Irán, y negar al régimen su principal fuente de financiamiento«, según explicó en un comunicado, la Casa Blanca, que considera a Teherán como un estado patrocinador del terrorismo.

Ante este escenario, no sería equivocado pensar que Estados Unidos podría estar aplicando la estrategia de cerco y contracerco que bien define el geo-estratega español, Pedro Baños, donde afirma que la idea es “presionar al enemigo, sobre el cual se estrecha un cerco hasta llegar al jaque mate”, como se haría en un juego de ajedrez. Así, se persigue el asfixiar a Irán en todos sus frentes, y como respuesta, Irán intentará, con todos sus medios disponibles, hacer efectivo el contracerco, que en este caso sería el mantener firme su amenaza de bloquear el estrecho de Ormuz, escenario nada apetecible para Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, y Estados Unidos, y aumentar la reserva de uranio enriquecido.

En Irán, los embargos fueron descritos como «crueles» por el Ayatolá Janemei, además de denunciar a los Estados Unidos de estar llevando a cabo una política de «terrorismo económico». Puesto que en 2018, el presidente Trump había decidido unilateralmente retirar a su país del acuerdo nuclear formado en 2015 entre Irán y el G-5 más uno, por entonces, EEUU, Rusia, Francia, Reino Unido, China y Alemania, con el objetivo de imponer nuevos embargos al programa nuclear iraní, al efecto de ahogar su economía. Tal medida fue tachada en Irán como de «ilegal» y de «terrorismo económico».

Ante esta situación, Irán solicitó a los garantes europeos que busquen alguna forma de sortear las sanciones de EEUU, o caso contrario, Irán estaría dispuesta a aumentar el límite de reserva de 300 kilogramos de uranio enriquecido, límite que se había establecido con el acuerdo firmado en la era Obama. Asimismo, las autoridades iraníes anunciaron que enriquecerían el uranio por encima del 3.68 por ciento, lo cual implica que el mismo sería usado para fines militares.

Este viernes, la Unión Europea encontró una solución para resguardar los intereses de ambas partes y evitar una escalada de conflicto en una zona que podría poner en situación de vulnerabilidad a la región: crear el Instex. El mismo se trata de una estructura legal que permite que Irán pueda saltearse las sanciones estadounidenses y continuar comerciando con Europa, y permanecer dentro del acuerdo. Ya se anunció que más países europeos se unirán, además del Reino Unido, Francia y Alemania.

Además, cabe destacar el incidente del dron derribado por la Fuerza Aérea iraní. Según la versión iraní, un avión no tripulado de vigilancia Global Hawk se encontraba violando el espacio aéreo de Irán al momento del derribo. Por su parte, el Pentágono negó las acusaciones, y dijo que se trataba de un Tritón MQ-4C y no de un Global Hawk.

Lo cierto es que en este juego político en el tablero mundial, las partes utilizarán todo lo que tengas a su alcance para hacer efectiva su victoria frente al otro, o al menos reducir sus pérdidas.

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