COBERTURA –Se cumplieron 115 años de la presencia ininterrumpida de la argentina en el continente blanco, y tras un período de 10 años de inactividad, el rompehielos Almirante Irízar volvió por segundo verano consecutivo, a desempeñar su labor como núcleo logístico en el desarrollo de la ciencia y el ejercicio de la soberanía nacional.

En el 2007, un incendio, que se inició en el cuarto de generadores y se propagó velozmente, fue el ocasionante de que 238 personas quedarán naufragando a la espera de un rescate. El buque sufrió daños severos, y dos helicópteros Sea King perecieron durante el siniestro.

Como consecuencia, las tareas de relevo de las dotaciones y el re abastecimiento de las bases permanentes y temporarias de la Antártida, quedaron a merced de la prestación de servicio de otros buques polares extranjeros, cuyo alquiler no fue barato. El costo total fue altísimo, pero el Irízar volvió a surcar las aguas del Atlántico Sur rumbo a uno de los lugares más hostiles y alejados del planeta.

El pasado 25 de abril, luego de 127 días de navegación y un total de 19.298 millas náuticas recorridas, el rompehielos Almirante Irízar, finalizó con éxito una nueva Campaña Antártica de Verano (2018/19); pero antes de que arribará al puerto de Buenos Aires, tuve por primera vez, la oportunidad de visitarlo.

A las 7 am, a bordo del buque multipropósito ARA Ciudad de Zárate, zarpamos desde el Apostadero Naval, con destino a RADA La Plata, donde embarcamos en el rompehielos Irízar con el propósito de cubrir, durante tres horas de navegación por el canal Mitre, la llegada del rompehielos luego de meses de expedición.

Imagen: Tripulación del ARA Ciudad de Zárate amadrina el buque para realizar el desembarco de pasajeros al rompehielos Irízar. Foto: Jennifer P. Olivera

Una vez a bordo, pudimos recorrer las instalaciones del barco. El mismo posee cocina, gimnasio, sauna, comedor, alojamiento de 313 plazas, un consultorio odontológico, un laboratorio de bioquímica, un Departamento de Sanidad con una sala de terapia intensiva y quirófano.

Asimismo, cuenta con un hangar donde se resguardan los helicópteros Sea King, una cubierta de vuelo, actualmente dotada de un sistema de descongelamiento de la pista de aterrizaje, cuatro lanchas de abandono, grúas de 16 toneladas y seis balsas salvavidas. Y por último, el Puente, que fue completamente modernizado.

Imagen: El Puente. Foto: Jennifer P. Olivera

El rompehielos entró en servicio dentro de la Armada Argentina en 1978, y desde entonces – salvo por el período de diez años que permaneció inactivo – ha participado de las Campañas Antárticas de Verano llevando a cuestas las tareas de abastecimiento de las bases argentinas y también las de otros países con presencia en el continente antártico.  

Argentina es uno de los países pioneros en navegar y explorar la Antártida, y gracias a la reincorporación del Almirante Irízar, la CAV puede contar nuevamente con medios navales propios en vez de depender de la contratación privada.  

La Antártida representa uno de los continentes más alejados del planeta que alberga uno de los ecosistemas más sensibles al ejercer un rol estratégico como regulador de climas, temperaturas, vientos y corrientes marinas hacia todo el planeta. Por eso, como ya he mencionado en el pasado, tener presencia en la Antártida, con la posibilidad de capacitar hombres y mujeres para que se desempeñen allí, tanto en el campo científico como en otras áreas, civiles o militares, es sin duda, un privilegio. Sentimiento que sin duda comparten todos aquellos que participan y/o participaron de la CAV, años tras año.

Finalmente, alrededor de las 3 de la tarde, el rompehielos arribó al Puerto de Buenos Aires, dando oficialmente por finalizada la CAV 2018/19.



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