Movimientos islamicos en Asia Central

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Introducción

A finales de abril de 2015 el Teniente Coronel de las fuerzas especiales de la policía de Tayikistán, Gulmurod Khalimov, desapareció. Unas semanas después se dio a conocer en internet un video donde el militar aparecía en Siria como parte de ISIS-ISIL-Daesh (Estado Islámico en Siria e Irak) amenazando al gobierno tayiko del cual era uno de los mejores y más entrenados especialistas en contraterrorismo, habiendo realizado cursos en los mismos Estados Unidos.

La deserción de Khalimov no fue una excepción, se han registrado centenares de ciudadanos de Asia Central que en los últimos años han tomado la decisión de unirse a grupos terroristas luego de procesos de radicalización en el ámbito religioso.

Por otra parte, ha tomado estado público que un ciudadano kazajo, que vivía en Estados Unidos, Ahror Saidahmetov, fue condenado a 15 años de prisión por los tribunales de ese país en diciembre de 2017 por prestar ayuda a ISIS.

Estos ejemplos demuestran que el peligro de la radicalización de las poblaciones musulmanas de Asia Central es una realidad que preocupa a los estados de la región así como a otras potencias preocupadas por las consecuencias regionales que tales desarrollos puedan tener.

Pero esto no debe hacernos pensar que toda la región está al borde de un proceso de radicalización acelerado. Se trata de un proceso complejo que afecta a sectores sociales diversos donde las motivaciones religiosas se combinan con el contexto político y la situación social y personal.

En este trabajo analizamos, en líneas generales, el pasado y el presente del Islam en esta región así como los movimientos de inspiración islámica que se han desarrollado para establecer el impacto local e internacional que pueden tener en el campo de la seguridad.

El Islam en Asia Central

La población de los cinco países de Asia Central, ex miembros de la URSS, es mayoritariamente de religión islámica. Cuatro de ellos son lingüística y culturalmente turcos (Kazajstán, Kirguistán, Turkmenistán y Uzbekistán) y uno de ellos es de cultura y lengua irania (Tayikistán).

El Islam que se practica es el Islam sunita de la escuela hanafi con gran influencia del sufismo. Esta escuela tuvo como uno de sus grandes centros la ciudad de Bojara, hoy parte de Uzbekistán.

Dos escuelas sufíes se encuentran presentes en la región: Naqshanbadiya y Qadiriya. La primera de ellas fue fundada por Muhammad Ibn Muhammad Bahaudin Naqshband (1317-89) en Bojara.

También hay comunidades chiitas aunque son minoritarias y ubicadas en puntos específicos de la geografía de la región.

Si bien gran parte de la población es formalmente musulmana, lo cierto es que hay minorías de otras confesiones religiosas, particularmente cristianos, y la diversidad religiosa es un elemento central de la historia de esta región. También, y como resultado de las capas culturales preexistentes de la región, se mantienen algunos elementos preislámicos como las referencias a “Tengri” la deidad túrquica de los pueblos nómades. Estas creencias coexisten en una forma de sincretismo.

El Islam llegó a esta región en el siglo VIII y algunas de sus ciudades, como las famosísimas Bojara y Samarcanda, hoy en territorio uzbeko, se convirtieron con el paso de los siglos en importantes centros culturales islámicos. Grandes personalidades como Al-Farabi, Avicena, Al-Juarismi, Biruni, vivieron y escribieron desde Asia Central[1].

La llegada del Imperio Ruso a la región, particularmente a lo largo del siglo XIX, y la incorporación de estos territorios al poder de los Zares pero no se implementaron políticas específicas contra el Islam. Se trataba de una región recientemente colonizada y tratada más como ocupación militar que como incorporación plena de sus habitantes al Imperio zarista.

Las revoluciones del año 1917 (febrero y noviembre) fueron recibidas con escasa simpatía en esta región, que no aceptó el poder de los soviets establecido en San Petersburgo y Moscú. Luego de una guerra civil entre las distintas facciones las fuerzas soviéticas recién pudieron entre 1919 y 1920 tomar el control de la región.

Es interesante notar que recién en 1926 fueron derrotadas las últimas fuerzas que se oponían a los soviéticos. Esta oposición, conocida como “revuelta de los Basmachi” en la historia de la región, representó el primer movimiento de inspiración islámica que se opuso a la ideología soviética lo mismo que lo había hecho en sus inicios al gobierno de los zares.

La represión stalinista de los años 30 del siglo pasado hizo lo suyo para suprimir cualquier intento de oposición. El esquema básico del poder soviético, como ideología dominante, fue no solo desalentar la práctica del Islam sino también controlar a las instituciones religiosas.

Sólo después de las purgas stalinistas y en base a la necesidad de cohesión y control derivadas del inicio de la Segunda Guerra Mundial luego del ataque nazi a la URSS se procedió a implementar un control menos violento.

Se estableció una organización denominada SADUM (por sus siglas en ruso correspondiente a Administración Espiritual de los musulmanes de Asia Central y Kazajstán). El objetivo central era centralizar todas las actividades referidas al Islam: centros de formación, designación de líderes religiosos, publicaciones, etc.

De esta manera, desde 1943 – año del establecimiento formal de esta institución – hasta el fin de la URSS los musulmanes de Asia Central fueron controlados por el estado soviético que aceptaba al Islam y sus prácticas como un elemento más de la identidad de estos pueblos y siempre y cuando no pusiera en dudas la ideología oficial.

Los setenta años de dominio soviético y su ideología antirreligiosa hicieron disminuir la adscripción de la población al Islam pero en los últimos 25 años de vida independiente se han registrado movimientos tendientes a revivir las prácticas religiosas en estos países aunque, lamentablemente, algunas de las visiones sean cercanas al salafismo-yihadismo.

La primera década de vida independiente

Las nuevas repúblicas establecidas a comienzos de los años 90 del siglo pasado conformaron instituciones nacionales derivadas del SADUM soviético con la misma intención: mantener el control sobre el Islam en los respectivos países.

Sin embargo, ni en la época soviética ni en la post-soviética, el “Islam oficial” fue la única manifestación existente. Existieron otras formas de vivir el Islam que recibieron desde un silencio benévolo hasta una persecución acusados de socavar los principios del estado soviético o la seguridad de las nuevas repúblicas post-soviéticas.

El establecimiento de estas nuevas repúblicas y su apertura al exterior, incluyendo los países islámicos, generó una creciente actividad de proselitismo desde algunos sectores foráneos que se combinó con una búsqueda de identidad por parte de grupos sociales de estos países. Ya desde antes del final de la Unión Soviética hechos como la Revolución Islámica de Irán (1978-1979) y la Guerra de Afganistán (1980-1988) habían generado grupos de al menos simpatía en los países de Asia Central.

Las actividades de proselitismo de comienzos de la década de los años noventa del siglo pasado, generaron gran preocupación en los gobiernos de estas repúblicas que utilizaron el argumento de que todo movimiento islámico tenía bases en el exterior, como una forma de deslegitimación.

Entre los sectores que propugnaron una islamización o re-islamización podemos mencionar a Arabia Saudita, Irán y Turquía[2]. Cada uno de estos estados propició una particular versión del Islam, o al menos intentó hacerlo.

Esta primera década de vida independiente (1991-2001) fue rica en iniciativas islamizadoras desde el exterior que, debemos decirlo, se mostraron casi totalmente incapaces de penetrar en estas sociedades casi impermeabilizadas a este discurso religioso luego de décadas de comunismo.

Si bien no podemos hablar de logros masivos en este sentido, sí podemos afirmar que en algunos sectores la prédica islámica pudo hacer pie. Debemos considerar que en algunos países, como es el caso de Tayikistán, esas prácticas islámicas, como el uso del hiyab, son consideradas como “extranjeras” y no vinculadas con la historia del país y por lo tanto, son prohibidas. Se trata de una manera de evitar que prácticas del Islam basadas en experiencias históricas no vinculadas con Asia Central no sean aceptadas aunque detrás de estas prohibiciones se encuentra la voluntad de las autoridades de controlar todos los ámbitos de la vida social, incluso la religiosa. En el caso de Tayikistán, las prohibiciones han ido más allá del hiyab para alcanzar incluso los nombres de los recién nacidos, prohibiendo el uso de nombres árabes[3].

Este es un ejemplo claro de la confusión premeditada de algunos gobiernos al azuzar el fantasma del peligro islámico para tratar de controlar todos los aspectos de la vida social.

En este sentido, y a los fines de evitar malos entendidos creemos que es importante realizar una diferenciación entre Movimientos islamistas o de inspiración islámica, por un lado, y Movimientos salafistas-yihadistas, por otro lado. Ambas manifestaciones de lo que podríamos denominar, renacimiento islámico, reflejan procesos complejos que no son monolíticos ni en sus causas ni en sus manifestaciones.

En el primero de los casos, lo que se evidencia son grupos sociales que hacen suyos elementos de la religión islámica como base de su identidad y actividades pero que no utilizan la violencia como forma de acción. Son “creyentes musulmanes moderados”[4] que separan, en la medida de lo posible, si vida privada de la vida política. El Islam es parte de la identidad personal y colectiva pero no se manifiesta políticamente. Un Islam liberal, podríamos decir. Su identidad islámica tampoco refleja necesariamente el cumplimiento total de todas las prácticas del Islam, algo sin dudas, herencia de los años soviéticos. Este hecho es una de las principales diferencias con poblaciones musulmanas en otras regiones como por ejemplo en Medio Oriente.

También es importante resaltar el papel que tienen escuelas sufíes en las prácticas religiosas del Islam en Asia Central. Un punto que merece ser tenido en cuenta. También prácticas locales que serían difíciles de aceptar en otras regiones como es el caso de las atynchas, mujeres eruditas en el Islam que enseñan a otras mujeres reglas de la recitación coránica.

En el caso de considerarse el Islam como parte de la identidad personal, eso no significa que una solidaridad con musulmanes de otros países sea un elemento automático tal como lo han demostrado algunos estudios realizados[5]. En este sentido por eso resaltamos que los procesos de “islamización” no necesariamente implican procesos de “radicalización”. También podemos señalar que estos procesos pueden tener una motivación cultural-social y no necesariamente una de carácter político con la intención de establecer estructuras estatales basadas en el Islam de manera exclusiva. Por otra parte, adscribir de manera visible al Islam y sus prácticas no significa un camino hacia la violencia. Los movimientos salafistas-yihadistas se caracterizan por su aceptación del uso de la violencia para lograr sus fines políticos y son, particularmente, los grandes desestabilizadores.

La religión, como aspecto central de la identidad en los países de Asia Central, no se ha limitado sólo a las poblaciones musulmanas y a un redescubrimiento o revitalización de las prácticas religiosas que puedan derivar en procesos de radicalización sino que ha generado procesos tan curiosos como la conversión al cristianismo de grupos musulmanes en Kirguistán[6]. Esto viene a demostrar que el proceso de revitalización del ámbito religioso en el período post-soviético excede al Islam en sí.

En esta región se han dado los dos tipos de movimientos, registrándose casos de movimientos de inspiración islámica que han mutado hacia movimientos salafistas-yihadistas y también casos de movimientos salafistas-yihadistas que han abandonado el uso de la fuerza para convertirse en movimientos de inspiración islámica incorporados a la vida política de los estados.

Incluso se da el caso de movimientos como el Partido de Liberación Islámico (Hizb ut-Tahrir al-Islami) en Tayikistán, Kirguistán y Kazajstán que propugna el establecimiento de un Califato pero no acepta la utilización de metodología violenta, es decir, tienen postulados extremistas pero no violentos[7], son movimientos salafistas pero no salafistas-yihadistas y que, en este caso particular, no hacen suyos los preceptos del wahabismo saudita. Se trata de un partido político con base islámica más que un movimiento extremista islámico.

A partir de la gran diversidad de Asia Central podemos entender que los desarrollos de los movimientos islámicos han variado de país en país.

Durante la primera década de vida independiente dos manifestaciones islámicas acapararon gran interés: Partido del Renacimiento Islámico en Tayikistán y el Movimiento Islámico de Uzbekistán.

El Partido del Renacimiento Islámico, fundado en 1988 por Sayed Abdullah Nuri y Muhammad Sharif Himmatzoda, ha sido el de mayor influencia ya que fue una de las partes en conflicto durante la guerra civil en Tayikistán (1992-1997). Se trata de un grupo que reclama para sí la herencia del movimiento Basmachi de comienzos del siglo VV. Con posterioridad al conflicto civil en Tayikistán ingresó a la vida política tayika al unirse a la denominada Oposición Unida Tayika convirtiéndose en un partido legalizado que pasó de ser un movimiento que aceptaba el uso de la violencia hacia un integrante más del sistema político de su país.

El Movimiento Islámico de Uzbekistán, entre cuyos fundadores estaba un combatiente en Afganistán y ex miembro del Partido del Renacimiento Islámico, Juma Namangani, demuestra lo permeables que suelen ser estos movimientos a influencias exteriores aún desde la época soviética. En este caso, la influencia del pensamiento de la escuela saudí del wahabismo es particularmente importante. Se trata de un movimiento salafista-yihadista clásico en cuanto a su conformación ideológica con vocación internacional. Hacia finales de 2001 participó junto con los Talibanes del esfuerzo bélico contra la coalición internacional, de hecho cambió oficialmente su nombre por el Movimiento Islámico del Turkestán para dejar en claro que su proyección era de carácter regional.

Desde el 11-S hasta ISIS a través de la primavera árabe

El peligro del “extremismo islámico” se convirtió en una percepción compartida no sólo por los estados de Asia Central sino también por las potencias regionales (Rusia y China) quienes hicieron de este tema uno de los ejes a partir de los cuales desarrollaron la cooperación enmarcada en la Organización para la Cooperación de Shanghái.

Así, a partir de un acuerdo regional le agregamos en esos años la misma visión desde los Estados Unidos de América, embarcado en las operaciones militares en Afganistán a partir de octubre de 2001. La necesidad del gobierno de Washington de contar con el apoyo de los países de Asia Central para su despliegue en Afganistán, fue la oportunidad de oro para que el peligro islámico en la región se convirtiera en omnipresente.

Las políticas de lucha contra el terrorismo implementadas en esos años (2001-2011) hicieron uso excesivo del calificativo islámico o de la caracterización como extremista islámico a todos los movimientos sociales y políticos.[8] De esa manera, los gobiernos de Asia Central, tal como lo señala el trabajo de Mariya Omelicheva, exageraron la importancia de esta amenaza a los fines de asegurar apoyo externo en un momento en que este tema ocupaba un lugar destacado en la agenda de seguridad de los Estados Unidos.

En el caso de Kazajstán, cuyas autoridades están realmente preocupadas por los movimientos islámicos, han establecido un programa estatal para combatir el extremismo religioso y el terrorismo[9]. En este país es clara la tendencia que muestra como el extremismo islámico se convirtió de un fenómeno donde los extranjeros formaban el núcleo a una mayor presencia de kazajos como lo demostraron los atentados de 2011 y 2012.

No hay dudas sobre el hecho de que el tema de los movimientos islámicos en Asia Central y sus implicancias comenzó a centrar atención a partir de la irrupción de ISIS en 2014 y sus combatientes extranjeros, muchos de los cuales provenían de los países de Asia Central.

Las estadísticas indicarían que 1 cada 14.000 turkmenos, 1 cada 40.000 tayikos. 1 cada 56.000 kirguizios, 1 cada 58.000 uzbekos y 1 cada 72.000 kazajos se han unido a ISIS en Siria[10]. Si bien puede parecer importante, comparándolo con otros países como Jordania (1 cada 5.300), Líbano (1 cada 6.500), Bélgica (1 cada 23.800) o Francia (1 cada 55.200) puede verse que el fenómeno de los combatientes de Asia Central en ISIS no es un fenómeno privativo de esta región.

Entre 2011 y 2014, según fuentes rusas, la mayoría de los combatientes ruso-parlantes en Siria e Irak provenían del Cáucaso norte, posteriormente, con el establecimiento de ISIS, la importancia de combatientes provenientes de Asia Central comenzó a tener mayor peso. A partir de septiembre de 2015, la intervención militar rusa en Siria tuvo como una de los objetivos centrales las bases de esos combatientes, una manera de evitar el eventual regreso de los mismos a territorios rusos o cercanos a sus fronteras.

El futuro

Si bien, como se ha visto, el renacimiento islámico es una realidad y existen grupos salafistas-yihadistas, eso no significa que estemos ante un fenómeno de radicalización de niveles masivos. Son casos aislados donde factores personales, sociales y externos se combinan de manera de generar estos procesos.

Lo que podemos afirmar es que el fenómeno de la radicalización debe ser analizado sin caer en la demonización de todos los movimientos de inspiración islámica lo cual podría generar el efecto contrario.

En Rusia se ve con especial preocupación el posible regreso de combatientes de Asia Central a sus países de origen luego de estar en Irak o en Siria, según lo refirió el director del FSB, Alexander Bortnikov, en una reunión del Comité Antiterrorista ruso (NAK)[11]. La misma preocupación la manifiestan autoridades iraníes, recordemos que para los salafistas-yihadistas los principales enemigos son los musulmanes chiitas a los que consideran herejes.

El segundo eje de preocupación es la situación en Afganistán y la influencia que los Talibanes pueden tener en Asia Central como centro de reorganización de combatientes de ISIS de Siria e Irak. La Federación de Rusia, en cooperación con Tayikistán ha fortalecido esa frontera afgano-tayica con materiales diversos como “carros de combate T-72B1, transportes blindados BTR-80 y BTR-70, vehículos de infantería de combate BMP-2, helicópteros Mi-24 y Mi-8, morteros D-30, sistemas antiaéreos y de comunicaciones, repuestos para blindados y gran cantidad de armas ligeras”[12].

Si bien la población musulmana de Asia Central podría resultar la base para intentos de radicalización, no se trata de un peligro unidimensional o inminente sino de un peligro latente que podría incrementarse si factores externos (escasa cooperación entre actores regionales, proselitismo con recursos económicos) e internos (crisis económica endémica, falta de representatividad política) se combinan para crear un ambiente propicio para este tipo de desarrollos.

 

[1] Al respecto puede verse: Starr, Frederick, “Lost Enlightenment: Central Asia’s Golden Age from the Arab Conquest to Tamerlane”, Princeton University Press, 2013.

[2] CSIS – Center for Strategic and International Studies, Conferencia “Secular and Moderate Islam in the South Caucasus and Central Asia: Models and Challenges”, 11 de septiembre de 2012, Washington DC, disponible en https://www.csis.org/events/secular-and-moderate-islam-south-caucasus-and-central-asia-models-and-challenges

[3] Solehov,  Saidehson, “Tajik Muslims Told to Change Names, Ways”, 2 de junio de 2015, , disponible en https://iwpr.net/global-voices/tajik-muslims-told-change-names-ways

[4] Ro´i, Yaakov y Wainer, Alon, “Muslim identity and Islamic practice in post-Soviet Central Asia”, en Central Asian Survey, Vol. 28, No. 3, Septiembre 2009, pp. 303–322.

[5] Ibidem.

[6] Radford, David, “Contesting and negotiating religion and ethnic identity in Post-Soviet Kyrgyzstan”, en Central Asian Survey, Vol. 33, No. 1, Enero 2014, pp. 15–28.

[7] Karagiannis, Emmanuel, “The rise of political Islam in Kazakhstan: Hizb ut-tahrir al Islami”, en Nationalism and Ethnic Politics, No. 13, 2007, pp. 297–322, “Political Islam and Social Movement Theory: The Case of Hizb ut-Tahrir in Kyrgyzstan”, en Religion, State & Society, Vol. 33, No. 2, Junio de 2005, pp. 137-149 y “The Challenge of Radical Islam in Tajikistan: Hizb ut-Tahrir al-Islami”, en Nationalities Papers, Vol. 34, No. 1, Marzo de 2006, pp. 1-20.

[8] Omelicheva, Mariya, Counterterrorism policies in Central Asia, Routledge, Nueva York, 2011.

[9] Beissembayev, Serik, Religious Extremism in Kazakhstan: From Criminal Networks to Jihad, The Central Asia Fellowship Papers, No. 15, February 2016.

[10] Dyner, Anna;  Legieć, Arkadiusz y Rękawek, Kacper, Ready to Go?: ISIS and Its Presumed Expansion into Central Asia, Policy Paper, No. 19 (121), Junio de 2015, The Polish Institute of International Affairs, disponible en https://www.pism.pl/files/?id_plik=20020

[11] Rusia teme el retorno de yihadistas de Siria, Swissinfo.ch, 12 de diciembre de 2017, disponible en https://www.swissinfo.ch/spa/rusia-teme-el-retorno-de-yihadistas-de-siria/43748722

[12] Rusia abre nuevo frente antiterrorista en frontera tayiko-afgana, HispanTV, 20 de diciembre de 2017, disponible en http://www.hispantv.com/noticias/rusia/363155/despliegue-militar-afganistan-estado-islamico-tayikistan

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