INTRODUCCIÓN

“Una Argentina indefensa” ha sido el tema de varias publicaciones internacionales y algunos comentarios fueron publicados en el diario La Nación del 8 de Junio de 2017, a saber:

…la necesidad de “reemplazar una gran cantidad de plataformas viejas, inoperables y retiradas”, señalando “falta de inversión en equipamiento y una erosión general de las prácticas de mantenimiento” y concluyendo que las Fuerzas Armadas argentinas “son una sombra de aquellas que fueron derrotadas en una guerra limitada por el Reino Unido en 1982”[1].

 “Tras un significativo período de declinación, las fuerzas armadas argentinas han dejado de ser una fuerza militar capaz”.[2]

“Negligencia por espacio de dos décadas ha significado que las Fuerzas Armadas (argentinas) estén enfrentando obsolescencia en bloque”.[3]

Según datos del Ministerio de Economía de la República Argentina, el siguiente gráfico muestra muy claramente lo ocurrido con el esfuerzo Argentino dedicado a la Defensa Nacional desde el año 1965 hasta 2016.

En el gráfico pueden observarse algunos hitos significativos marcados con referencia a los años del eje de las abscisas, tales como:

  • 1981-1982: El mayor esfuerzo del período 1965-2016 que guarda relación con necesidades generadas por el conflicto armado de 1982.
  • 1983-1984: Drástica caída del esfuerzo nacional en Defensa a valores cercanos a la mitad de los años inmediatos anteriores.
  • 1990: Se da una brusca caída del esfuerzo nacional en Defensa como consecuencia de la crisis económica de 1989.
  • 1997: Se produce un valle en la disminución del esfuerzo nacional en Defensa como resultado de la suspensión del Servicio Militar Obligatorio de 1994 y de la transferencia al Ministerio del Interior de las Fuerzas de Seguridad Gendarmería Nacional y Prefectura Naval Argentina en 1996.
  • 2007 a 2016: Valores sostenidos del esfuerzo de la Función Defensa inferiores al 0,5 % del PBI y de la Jurisdicción Ministerio de Defensa inferiores al 1 % del PBI.
  • 2009: El esfuerzo nacional en la función Seguridad Interior pasó a ser superior al de la función Defensa.
  • 2011: Se da el menor esfuerzo histórico en la función Defensa (0,43 % del PBI) y en la jurisdicción Ministerio de Defensa (0,77 % del PBI).

Cuando a veces escuchamos que las “fuerzas armadas están para hacer la guerra” no nos queda más que interpretar que el instrumento militar existe con el solo o principal propósito de participar en una confrontación bélica, o en lo que hoy día generalmente se llama “conflicto armado”. También da lugar a suponer que, teniendo en cuenta las graves consecuencias que podría acarrear una derrota, solo se debe luchar con la única alternativa de lograr la victoria.

En otras versiones, se suele hacer una comparación entre la necesidad de la Defensa, o de las fuerzas armadas, con la finalidad genérica de los seguros (de vida, incendio, etc.). Este criterio pretende explicar la necesidad de la organización de Defensa o de su instrumento militar con el propósito de evitar males mayores. Se apela a la teoría del seguro para justificar la necesidad de gastar preventivamente en tiempos de paz a fin de evitar la guerra o de ganarla si se llegara al conflicto armado. Se pretende estimular una actitud proactiva o preventiva pagando un menor costo de antemano para evitar futuras pérdidas mayores.

El propósito de este artículo pretende ir más allá de esas dos ideas para consolidar inequívocamente y en toda su dimensión las razones por las cuales Argentina necesita priorizar a la Defensa Nacional luego de décadas de desatención. El fundamento se sustenta en base a la adopción de una perspectiva estratégica para esta función esencial del Estado Argentino.

 

EL SERIO PROBLEMA DE LA EXCEPCIONALIDAD ARGENTINA

El diagnóstico de la Defensa Nacional planteado a modo de introducción reflejaría una incongruencia con la siguiente situación planteada a nivel mundial, regional y local:

  • Hay un incremento geométrico de la población mundial. Ésta creció al doble en los últimos cincuenta años.
  • Se da un incremento progresivo de la altura de los mares y la disminución de las superficies emergidas donde habita el hombre como consecuencia del calentamiento global y el deshielo de los polos.
  • Hay una disputa internacional permanente por el poder hegemónico, los recursos naturales y las fuentes de energía.
  • Según las tendencias actuales, Estados Unidos de América ve amenazado su actual poder hegemónico en las cercanas décadas.
  • Existe un incremento progresivo del poderío bélico y la capacidad de destrucción de las armas convencionales y de destrucción masiva.
  • Se incrementa el desequilibrio militar en la región en perjuicio de Argentina.
  • Hay una pérdida de capacidades militares de Argentina para conjurar y repeler agresiones externas o transnacionales y para contener eventuales desestabilizaciones políticas internas.
  • El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte ha incrementado el poder militar en las islas argentinas del Atlántico Sur usurpadas por ese país.
  • Existe un incremento progresivo del consumo y comercio de estupefacientes, así como del narcotráfico interno, transnacional e internacional.
  • Los más grandes atentados terroristas y del crimen organizado en Argentina no han sido resueltos desconociéndose las características de los autores materiales e intelectuales.
  • Hay una vulnerabilidad cibernética nacional.
  • Existe una disputa mundial por las jurisdicciones marítimas y sus recursos.
  • Se prevé una disputa futura por las jurisdicciones y recursos antárticos, incluyendo al Sector Antártico Argentino.
  • Como muchas naciones, Argentina está expuesta al peligro de secesión territorial.
  • Como en otras regiones, hay peligro de migraciones descontroladas en la región.
  • Existe peligro de mayores catástrofes ambientales como resultado del cambio climático.

En síntesis, el serio problema de los argentinos pareciera ser la incomprensión del aumento progresivo de los peligros y de la necesidad de medidas de protección y prevención que involucran a la Defensa Nacional.

La excepcionalidad radica en que los países de Sudamérica invierten un promedio del 1,5 % del PBI en su Defensa y Argentina tan solo el 0,9 % del PBI en la jurisdicción Defensa y casi el 0,5 en la función Defensa según el clasificador económico del Ministerio de Economía. Dicha excepcionalidad es mucho más marcada si comparamos dichos valores argentinos frente al promedio mundial del 2,5 % del PBI.

 

LAS SOLUCIONES PARA ESE PROBLEMA

El problema de la Defensa Nacional es esencialmente complejo puesto que involucra su abordaje como un asunto estructurado, también con características de semi-estructurado y, simultáneamente, como una cuestión no estructurable.

Cuando analizamos el problema estructurado de la Defensa entendemos que las variables, sus relaciones y las constantes son conocidas. El problema tendrá un resultado inequívoco. Nos referimos a los problemas técnicos de la Defensa, la resistencia de los materiales, los alcances de las armas, el poder destructivo, el radio de acción, el alcance y la autonomía de los medios, la capacidad de carga, el dinero necesario, los gastos de adquisición y mantenimiento, etc. y debemos solucionarlo con métodos cuantitativos, es decir, con fórmulas y cálculos matemáticos.

A modo de ejemplo, una eventual pérdida de capacidad de acumulación de carga de las baterías del submarino ARA “SAN JUAN”, hubiera determinado que la propulsión tuviera una duración determinada si no contaba con el motor diesel que moviera el generador de recarga.

Como otro ejemplo, la aplicación de la ley de Lanchester permite determinar que “la cantidad instantánea de bajas producidas entre dos ejércitos es proporcional al volumen de fuego de las fuerzas remanentes y la relación de fuerzas se incrementa continuamente favoreciendo a la inicialmente más numerosa”[4].

El problema semi-estructurado de la Defensa aparece cuando existe alguna información sobre el problema, pero también alguna incertidumbre en las variables, las relaciones y las constantes que participan. Es el caso de las estadísticas y probabilidades de éxito o fracaso, de la eficacia en la detección o en los efectos del armamento, en las probabilidades de que se produzcan consecuencias desfavorables con cierto impacto esperado como es el caso de los riesgos, en las probabilidades de falla y la confiabilidad, etc. Estos problemas se resuelven apelando a la historia de los hechos para relevar datos, elaborar estadísticas y obtener estimaciones en términos de probabilidad. Luego se adoptan medidas de control para aumentar la probabilidad de éxito o disminuir las de fracaso.

Para graficarlo más claramente, frente a la antigüedad del submarino San Juan, el tiempo medio entre fallas, un mantenimiento efectuado con materiales menos confiables que los de origen, sumado al escaso adiestramiento de la tripulación que le dificultaba la capacidad de reacción apropiada frente a posibles emergencias, determinaba una alta probabilidad de que se produjera un accidente. Por otro lado, un determinado sistema con cierta confiabilidad, cierta eficacia y cierta capacidad de supervivencia tendrá determinada probabilidad de cumplir su misión y regresar en condiciones de operación para un nuevo empleo.

La polemología estudia a los conflictos armados relevando su probabilidad histórica de ocurrencia, las condiciones en que se producen y los resultados de las contiendas. Son los problemas donde aplica la teoría del seguro y donde se prefiere pagar una cuota de antemano para prevenir los daños mayores que pudieran devenir ante la probable ocurrencia de un suceso no deseado.

Por último, es necesario entender a la Defensa Nacional como un problema no-estructurable que se desarrolla en un ambiente permanente de alta incertidumbre, complejo y ambiguo, porque no se puede conocer la gran cantidad de variables involucradas, se sabe muy poco de los valores que puede tener cada una y de las relaciones entre ellas. Estamos en situaciones con altas incertidumbres, cercanas a la ignorancia, donde resulta temerario arriesgar probabilidades de ocurrencia. Este es el caso típico de las decisiones que se deben adoptar durante la interactuación humana, donde hay otros actores, porque no se puede estar con precisión en la inteligencia de los otros decisores.

Es en este abordaje donde la Defensa Nacional adquiere un valor mucho más importante que la mera justificación de la necesidad del instrumento militar para hacer la guerra o porque es como un seguro.

 

NECESIDAD DE UNA PERSPECTIVA ESTRATÉGICA PARA LA DEFENSA

La Defensa Nacional es una función del Estado nacional que está a cargo directo del poder ejecutivo nacional, con participación complementaria del poder legislativo y del poder judicial, que va mucho más allá de las funciones específicas del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, del Ministerio de Defensa, de las autoridades militares y de las dimensiones y capacidades del instrumento militar. Tiene mayor alcance porque involucra a toda la organización del Estado Nacional, o sea, de la República Argentina.

La Defensa participa directamente como parte de toda interactuación social interna y entre los pueblos, tanto en relaciones competitivas como cooperativas. Las cooperativas dan lugar a las alianzas o coaliciones que es el conjunto de actores en cooperación, donde en general, se pretende lograr los beneficios de la sinergia.

Nadie duda que la Defensa sea una herramienta de protección y respuesta frente a las vulnerabilidades nacionales.

Resulta así evidente la necesidad de que los argentinos, o sea los ciudadanos comunes y especialmente los gobernantes, tomemos una perspectiva “estratégica” acerca del significado de la Defensa y veamos la significancia de esta postura para cada uno nosotros, para nuestros intereses personales, para nuestros hijos y futuras generaciones.

Como ya he comentado, muchas veces se dice que la Defensa es como un “seguro”. Se discute si es un gasto o una inversión. Se dice que es la prima que hay que pagar para evitar eventuales males mayores. Pues todo eso podría ser considerado como cierto, pero la Defensa no es solo “como un seguro”. No es cualquier seguro. En todo caso, podríamos asemejarlo en algo a un seguro contra “robo”, donde puede haber un ladrón. La Defensa no es un seguro contra incendio, tampoco contra granizo u otro desastre natural porque en éstos no hay un actor animado.

Para los argentinos, la Defensa sería como un seguro destinado a prevenirnos contra el accionar de aquellos actores animados que tienen intereses relacionados, coincidentes o discrepantes, abiertamente confrontados o no, con los de la República Argentina, o sea, con todos nosotros. Esta interpretación constituye una postura estratégica frente a otros actores, que se vale de los recursos de la Defensa para producir efectos sobre los intereses de otros decisores, algunos de los cuales son también nuestros propios intereses, ameritando entonces que también los defendamos o apoyemos.

La interacción de la comunidad internacional no es como un juego de ajedrez, donde todos pueden ver las piezas y sus movimientos. Los actores de la realidad nacional, internacional y transnacional tienen intereses que poseen o desean, y una emotividad que los anima en una interrelación, que como expresara Clausewitz, es semejante a un juego de naipes. Reina la incertidumbre porque resulta muy difícil predecir lo que está en la mente de los demás decisores, donde la perfidia a veces reluce. Es por ello difícil comprobar la congruencia entre lo que los decisores piensan, dicen y hacen. No es éste un mundo de paz y amor como el que la mayoría de los argentinos quisiéramos.

La Defensa de los intereses argentinos implica que éstos tienen un valor. Si no ejerciéramos la actividad de la Defensa, estaríamos reconociendo implícitamente que no valoramos lo que tenemos o queremos frente a nosotros mismos y a la comunidad internacional que nos observa. O sea, la desatención de la Defensa significa que nuestros intereses no valen o que no tenemos argumentos para sostener supuestos derechos de propiedad. En consecuencia, alentamos a otros a que se aprovechen de las oportunidades que los argentinos les generamos. Frente a la comunidad nacional, a aliados, neutrales y oponentes, no generamos respeto, prestigio ni ascendiente.

Asimismo, la protección tiene una perspectiva relativa dentro del entorno que la rodea. No es razonable dejar la ventana de una casa abierta en un barrio donde todas las propiedades tienen rejas. Tampoco lo es comprar solo una reja cuando hay dos ventanas. Asimismo, no resulta efectivo dispensar dinero para construir una reja de menor altura que la de los vecinos cuando los objetos a cuidar tienen valores semejantes. En estos casos, el presupuesto habrá sido insuficiente para dar mínimos niveles de protección y a la vez inservible, pudiendo haber sido destinado a otras actividades también demandantes.

LA DEFENSA ES UNA HERRAMIENTA MÁS DEL PODER NACIONAL

Desde el punto de vista estratégico, la Defensa es considerada un medio para alcanzar los fines de un Estado, como por ejemplo, la seguridad nacional. En la jerga estratégica el instrumento militar suele ser considerado como un medio de cambio, puesto que sirve para ser empeñado o “gastado” en caso de ser necesario. Este interés del campo militar tiene su correlación con la plata en el ámbito económico y los votos en el ámbito político. Por un lado sirve para producir efectos sobre los fines de otros actores y en ese caso es una herramienta de poder, y por el otro, puede ser empleado como fuerza para accionar sobre similares medios de cambio de otro actor.

Las capacidades de la Defensa Nacional pueden producir efectos sobre la gran mayoría de los intereses de los otros actores internacionales, ya sean fines, medios o medios de cambio (según una clasificación clásica en teoría estratégica) constituyendo por ello una herramienta de poder más del Estado argentino.

Asimismo, posibilita la protección de los intereses nacionales y, especialmente, de los vitales, disminuyendo las vulnerabilidades propias, así como el poder de los oponentes.

La organización de Defensa y especialmente su instrumento militar otorgan libertad de acción frente a la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad típicas de la interactuación entre los seres humanos y los pueblos.

Con el poder militar se puede competir y cooperar. Como ejemplos de uno y otro caso, se puede disuadir, distraer, coaccionar, proteger, pero también se puede interoperar, apoyar, intercambiar, comerciar, tecnificar, investigar, obtener y compartir información.

 

LA PERCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE LA DEFENSA Y SU INCIDENCIA EN EL PODER NACIONAL Y LA FUERZA

La perspectiva estratégica de la Defensa no puede ignorar que la Defensa es instrumento de poder y de fuerza.

Hay una interdependencia social entre los seres humanos y, en general, entre todo tipo de actores[5], o sea, entre los entes con capacidad de decisión que se relacionan a través de distintos intereses.

En relación a lo que Robert Dahl ha escrito en su conocida publicación “The Concept of Power” [6], el poder es la influencia de un actor sobre otro a través de uno o más intereses que los relacionan, donde el primero con sus medios puede lograr cierta conducta del segundo.

El concepto de poder está ligado al de dependencia y su relación es inversa. Es decir, debe interpretarse que si la relación de intereses entre dos actores determina que predomina la dependencia de los fines de uno respecto de los medios de otro, corresponde interpretar que el segundo tiene poder sobre el primero. En consecuencia, se sobreentiende que en las relaciones de poder existe una relación asimétrica.

Como dice literalmente el texto del Dr. Díaz Matey[7] en relación con la Defensa: “tradicionalmente se ha dicho que el poder reside en la posesión de los medios para ejercer el control de la seguridad ante una sociedad, especialmente mediante el uso de la violencia.”

Existe también el concepto de poder “estructural” como la capacidad de imponer estructuras, reglas de juego, incentivos, sanciones, funciones y conductas aceptables en función de valores determinados que pueden ejercer especialmente las grandes potencias. Este poder, en síntesis, permite determinar la forma de hacer las cosas mediante el control de la seguridad, de la producción, del crédito y del conocimiento, las creencias y las ideas.

Pero poder es también tener la capacidad de decir “NO” y evitar las represalias.

Vista como poder, la Defensa disminuye nuestras dependencias. O sea, atenúa o quita la amenaza hacia todos los intereses, pero especialmente, a los más importantes, o a los vitales, del Estado Nación. Asimismo, genera dependencias en los demás respecto de esa herramienta del poder propio.

Simultáneamente, con la Defensa disminuimos nuestra inseguridad o atenuamos nuestras vulnerabilidades y también enviamos un mensaje advirtiendo a otros actores acerca de que pueden tener consecuencias no deseadas si nuestros intereses se ven afectados.

Cuando un actor tiene una organización de Defensa, ese poder o influencia cambia la relación costo-beneficio o la aceptabilidad de las acciones a los otros actores, especialmente en situaciones de competencia o confrontación. Por el contrario, el desarme habilita a los demás actores a tomar cualquier decisión sin ningún tipo de oposición armada y hasta favorece o promueve su decisión hacia una escalada.

Con poder podemos escalar hacia relacionamientos más confrontativos o sencillamente no aceptar las condiciones que pretenda otro actor. Por el contrario, sin poder nos pueden escalar en la disputa dirimiéndose la cuestión por la fuerza y terminando en una imposición o derrota.

El poder militar es influencia, prestigio y demostración de preocupación y ocupación por los intereses que se protegen. Asimismo, brinda la posibilidad de apoyar a otros actores en cooperación y de participar en actividades que signifiquen un apoyo político internacional o la protección.

Es así como la Defensa genera profundos lazos de cooperación. Asimismo, el poder de la Defensa genera capacidad para el ejercicio de liderazgo formal y natural. Es así muy poco probable que un Estado pueda liderar fuerzas militares internacionales si no cuenta con cierto poder militar. En todo caso, esas pocas posibilidades estarán relegadas a roles subsidiarios que poco influirán en las grandes decisiones políticas de repercusiones económicas, sociales o de cualquier otro tipo. Esta perspectiva permite apreciar al poder de la Defensa como una fuente generadora de oportunidades. A modo de ejemplo esto aplica muy bien a la participación del instrumento militar en fuerzas internacionales de paz.

Es necesario interpretar al Instrumento Militar como una herramienta de fuerza cuando se lo emplea para imponer condiciones con el uso de la violencia. Aplica en situaciones de suma necesidad donde la persuasión por otros medios no ha sido efectiva. En estos casos se debe disuadir a otros actores para que no emplee sus fuerzas armadas, o “quebrar” su voluntad de lucha por la fuerza. A modo de ejemplo, Estados Unidos declara abiertamente sus intervenciones militares convencionales cuando considera que tiene una “overwhelming difference of power or irresistible force”.

Se trata de enfrentar nuestra fuerza a la de un oponente a quien no hemos podido disuadirlo en detener su escalada por otros medios como la diplomacia, la economía, la opinión pública o cualquier otra forma no violenta. Adquiere carácter muy importante aquí la idea del balance del poder o fuerza militar entre los actores. Tan es así que la comparación de fuerzas armadas es un factor esencial a la hora de decidir escalar un conflicto, prevenir las intervenciones militares o agresiones de otros actores, o decidir hacerlas.[8]

En este caso, la Defensa es el último recurso contra un actor externo y también una herramienta legal y legítima, cumpliendo ciertos requisitos, para la conservación del orden interno o evitar la secesión territorial.

Con el empleo de la fuerza, también se puede cooperar. Por ejemplo, participando en misiones de paz o desarrollando actividades combinadas con otras fuerzas para lograr conocimiento, intercambio e interoperabilidad.

En síntesis, ese poder de la Defensa se suma a las demás herramientas de poder de un Estado y sirve para influir, condicionar, perjudicar y, en síntesis, afectar negativamente a los intereses de otros actores. Pero tampoco puede olvidarse que ese poder le permite cooperar, ofrecer, apoyar, actuar y valorar frente a la existencia de amigos o neutrales. Ese poder de la Defensa actúa en todo el espectro de las relaciones internacionales y nacionales y va más allá de la interpretación de que solo es un seguro o únicamente para hacer la guerra.

Como ya fuera señalado, cuando cooperamos con un actor que compite, estamos condenados a ceder. No obstante, la eventual disponibilidad de poder y de fuerza de quien cede contiene la tentación arrebatadora del oportunista porque de aprovechar la oportunidad, corre el riesgo de enfrentarse a una escalada. La sumisión será obligada para quien queriendo cooperar se haya desarmado unilateralmente frente a otro que solo persigue sus intereses con una postura competitiva.[9]

Como hemos podido ver, “un seguro” no es herramienta de poder y tampoco influye en los demás actores. Los seguros tampoco constituyen “fuerza” pero la Defensa, sí.

 

LA DEFENSA ES UN “MENSAJE” ESTRATÉGICO

Una perspectiva estratégica de la Defensa permite apreciar que la existencia de una organización de Defensa y su desempeño por acción u omisión constituye un mensaje destinado a los demás actores internacionales y también hacia el público interno.

La presencia de un medio militar, de una autoridad de Defensa o de un simple soldado, así como una asignación presupuestaria razonable en función del valor de los intereses, las amenazas y el escenario, significan cierto nivel de interés de la República Argentina, su pueblo y sus gobernantes en otro actor y sus intereses, o en la protección de los recursos nacionales.

El mensaje producido por la acción, la presencia o la ausencia tiene un contenido que puede ser orientado a comunicar la esencia de lo que se quiere transmitir y de la relación que se pretende mantener. Aunque esto no sea planificado, la comunicación del contenido igualmente existe y si la improvisación predominara, difícilmente el mensaje estará alineado con las conveniencias para el logro de los objetivos deseables.

Asimismo, el contenido puede ir acompañado de otros hechos que constituyen un argumento o propósito buscado, como puede ser la mera cooperación o la persuasión racional.

Por último, las herramientas de poder y fuerza como la Defensa nacional sirven para imponer un componente comunicacional de autoridad. Ayudan a decir “no” o establecer límites objetivos y subjetivos. La palabra queda reforzada por la espada que compele u obliga en apoyo del contenido y el argumento.

 

LA PERCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE LA DEFENSA Y EL RIESGO PAÍS

No es raro escuchar a los economistas subordinar la Defensa a las necesidades o conveniencias financieras del momento, argumentándose que sin recursos económicos no es viable ningún tipo de otra actividad.

Pues también es cierto que aquellos países que vivieron o se encuentran con serios problemas de seguridad se han dado cuenta que sin este pilar básico la economía sería un fracaso. Si no encontráramos ningún ejemplo, podemos investigar los casos de Corea del Sur, Francia, Alemania, Japón, China, el Reino Unido, Estados Unidos, etc.

La capacidad de la Defensa que internacionalmente se mide de forma genérica con el esfuerzo presupuestario en porcentaje del PBI dedicado a esa función, así como la cantidad y tipo de los conflictos existentes, más los datos cuantitativos y cualitativos de la capacidad de las organizaciones de seguridad (incluyendo a la Defensa) para controlar las situaciones no deseadas o afectaciones perjudiciales, inciden en la determinación del conocido “riesgo país”.

Bien vale recordar que este factor cuantitativo empleado en la actividad económica genera un costo financiero mayor cuando se toman créditos internacionales y la disminución de las inversiones en el propio país.

Con la indefensión propiciamos situaciones de inseguridad, usurpación, dependencia o sometimiento que incrementan el componente “riesgo político”[10] del riesgo país.

Quien coopera frente a otros que compiten, está condenado a ceder[11] y ello aumenta el riesgo país.

 

LA EFICACIA Vs. LA EFICIENCIA EN LA ESTRATEGIA

Una perspectiva estratégica de la Defensa permite orientarla para producir efectos sobre otros actores influyendo sobre los intereses de aquellos. En cuanto a sus funciones subsidiarias, entre otras funciones, también tiene como propósito generar efectos en el marco interno.

Por un lado, la Defensa protege intereses más importantes de la propia República Argentina, pero por el otro, logra ese efecto mediante la influencia sobre otros actores, ya sean oponentes, aliados, neutrales, transnacionales o de cualquier otro status. Es decir, la perspectiva estratégica hace que la función y su propósito de influir sobre los demás actores, no solo en la competencia o la confrontación, sean las razones de la existencia de la organización. La eficacia es la medida del resultado esperado en función de esa función o propósito.

Por otro lado, especialmente en Defensa, la eficiencia, o sea la maximización de la relación entre los beneficios y los costos, es una cualidad subsiguiente y subsidiaria respecto de la eficacia. Debe ser tenida en cuenta, una vez que la eficacia está razonablemente satisfecha. En una perspectiva estratégica de la Defensa, la eficacia no solo depende de las propias capacidades, sino igualmente de las capacidades de los demás actores.

La Defensa está orientada esencialmente a la protección de los intereses vitales, o sea, de intereses esenciales para la vida de la República Argentina y de los fines que motivaron la unión de los argentinos y la conformación de un Estado, que están contemplados en el Preámbulo de la Constitución Argentina.

En esa protección participa primordialmente la capacidad de conservar las razones que originaron la existencia del Estado Argentino y cualquier costo se justificaría para preservar a la organización básica del ente que, entre otras funciones, sostiene a su componente de la Defensa. Es decir, la eficiencia, es subsidiaria de la eficacia.

Como ya fuera dicho, la eficiencia es una característica orientada a la minimización de los costos en relación a los beneficios. En este caso, los beneficios son la seguridad del Estado argentino y esto debe ser conseguido al menor costo económico posible para permitir la satisfacción de otras necesidades y lograr mayores niveles de desarrollo.

Es común escuchar de pacifistas, anarquistas, economistas o técnicos, que la Defensa es “cara”. Pues, para aquellos que no entienden la importancia estratégica de la Defensa, esta función del estado es tan solo un “gasto”. Quienes la valoren como una herramienta del Estado nacional que concentra el recurso del empleo legítimo y unificado de las armas con la finalidad de influir favorable o desfavorablemente sobre los intereses de los demás actores, o hasta al propio pueblo argentino, podrán entender que es una necesaria “inversión”.

 

LA CUESTIÓN DEL TIEMPO EN LA PERPECTIVA ESTRATÉGICA DE LA DEFENSA

El tiempo es una dimensión que no se ve pero se siente!. Implica movimiento y cambio permanente. Cuando todo parece que se mantiene como está, no es así. Especialmente si lo miramos desde una perspectiva estratégica. Cuando nosotros no hacemos nada, el mero pasaje del tiempo cambia las cosas, y muy probablemente los demás actores estén haciendo algo para conseguir sus objetivos o favorecer sus intereses.

Pues lo mismo ocurre en el campo de la Defensa. Con el transcurso del tiempo sus recursos se “envejecen”. Si son humanos, crecen, adquieren capacidad física y experiencia, logran la sabiduría que suele acompañar a la antigüedad y luego caducan y se retiran. Mientras tanto, se producen progresivas pérdidas o se aplican filtros que determinan las conocidas pirámides de personal.

Con el tiempo los recursos materiales van perdiendo sus capacidades de origen. Nuevos desarrollos los vuelven obsoletos. Empiezan volviéndose ineficientes y terminan siendo completamente ineficaces. La Defensa de la Argentina de hoy es la mínima capacidad remanente de los medios adquiridos hace unos cuarenta años, así como la Defensa de las próximas décadas estará determinada en gran parte por la falta de atención dedicada en la actualidad.

Los Estados más evolucionados disponen de aceptables niveles de seguridad presente y por ello, se preocupan por obtenerla también en el futuro. Los más subdesarrollados se preocupan solamente por las contingencias del presente, y el futuro está sin cuidado. Quien mire más lejos hacia el futuro tendrá más posibilidades de alcanzar niveles satisfactorios de seguridad.

El miedo es la perturbación angustiosa del ánimo  por un riesgo real o imaginario. Es una emoción  primaria  que  se  manifiesta  tanto  en  animales  como en el ser humano. El miedo desata un mecanismo neuronal, psicológico y endocrino controlado por el cerebro reptiliano o instintivo. Pero el ser humano incorpora reacciones del cerebro límbico frente al miedo durante su etapa del crecimiento y también aprende a desarrollar acciones racionales para contrarrestarlo.

Es así como el tiempo participa en las distintas respuestas que hay entre los animales y los seres humanos frente a las contingencias que son preocupación de los sistemas de seguridad (incluyendo la Defensa). Es curioso apreciar que los animales escapan y corren frente al stress generado por un agresor para salvarse de la muerte. Producido el alejamiento, vuelven inmediatamente al estado homeostático inicial. No pensarán a corto, mediano ni largo plazo sobre el suceso acaecido porque el sistema de los animales solo se activa frente al peligro. En los seres humanos, esta activación del sistema nervioso es más duradera. Además, el mayor desarrollo cerebral de los seres humanos con su parte emotiva y racional autogenera estados de ansiedad también con eventos potenciales, posibilitando acciones anticipatorias.

En síntesis, por varios motivos, el nivel de desarrollo de los pueblos guarda relación con las previsiones adoptadas para preservar o alcanzar su seguridad y ello no deja de traducirse en serias debilidades o vulnerabilidades para los más primitivos.

El tiempo tiene manifestaciones de oportunidad, duración, frecuencia, ritmo y secuencia. En relación con otras dimensiones, el tiempo participa en la velocidad, la aceleración y la potencia. Es por ello que una perspectiva estratégica de la Defensa nos lleva a pensar que el planeamiento, las decisiones, las políticas, las maniobras, los esfuerzos y las directivas estratégicas necesarias para esta función deben contemplar dichas manifestaciones.

La cooperación por medio de la Defensa implica el deseo o conveniencia de producir sinergia y ésta demanda el sincronismo entre los actores mediante la coordinación de esas ocho manifestaciones del tiempo. Lo mismo ocurre mediante la sinergia necesaria para el funcionamiento de todos los componentes del Estado para contribuir a la Defensa Nacional. Con los aliados se debe ser predecible y el tiempo es un factor contribuyente para ello.

Obviamente el Ministerio de Defensa y su Instrumento Militar necesitan tener en cuenta la consideración y empleo de dichas manifestaciones. A modo de ejemplo, la oportunidad de las asignaciones presupuestarias, de la generación de fuerzas, del mantenimiento o el adiestramiento no deben ser hechos por impulsos de propósitos ajenos a la Defensa, sino que deben estar guiados por el propósito de la Defensa.

La participación de la Defensa en relaciones de competencia demanda una utilización diferente del tiempo y sus manifestaciones. La discrepancia en los fines que comanda la oposición o la confrontación implica un empleo diferente de las manifestaciones oportunidad, duración, frecuencia, ritmo, secuencia, velocidad y aceleración. El propósito está orientado a lograr los propios objetivos aún frente a la oposición del oponente. Se debe aprovechar la sorpresa estratégica y el empleo del tiempo es una herramienta importante.

La libertad de acción que constituye el propósito universal de cualquier estrategia puede lograrse con el incremento del poder propio o la disminución del oponente. En consecuencia, el tiempo puede ser usado para generar disrupción, interferencia o perjuicio, y el esfuerzo de Defensa puede aprovechar todas las manifestaciones del tiempo. Lo mismo debe preverse como un modo de acción eventual o permanente de cualquier oponente o enemigo.

 

LA PERSPECTIVA ESTRATÉGICA DE LA DEFENSA Y SU IMPORTANCIA EN LA CUESTIÓN DE LAS ISLAS DEL ATLÁNTICO SUDOCCIDENTAL

Las disputas de soberanía territorial se desarrollan en un ámbito internacional relativamente anárquico donde el resultado no siempre se dirime con apego a las normas del derecho internacional, y muchas veces mediante la efectividad del poder y la fuerza militar, económica y política. Podríamos afirmar que consigue su propósito “quien quiere más” de las partes. La determinación y la perseverancia son esenciales en los pueblos y sus gobernantes para el logro de sus objetivos frente a la contraparte y a los demás actores internacionales de quien se espera el apoyo.

Las Islas del Atlántico Sur y mares adyacentes son para los argentinos indubitablemente Argentinas y así consta en la Constitución Nacional, la Ley de Espacios Marítimos N° 23.968/91 y la Ley de Defensa Nacional N° 23.554/88.

La decisión plasmada en la Constitución Nacional dice claramente que la soberanía de nuestros territorios usurpados se recuperará respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del “derecho internacional”[12]. Aunque para un extranjero pudiera resultar evidente que ello no significa una recuperación “por medios pacíficos”, esta segunda idea se ha instalado en significativa proporción de la opinión pública nacional, alcanzando hasta el lenguaje de supuestos expertos.

Varias razones justifican el empleo de la organización de la Defensa de la República Argentina en la Cuestión de la disputa de soberanía por las Islas del Atlántico Sudoccidental y jurisdicciones marítimas adyacentes. No obstante, en las últimas décadas se evidencia una postura de la política exterior argentina y un deseo varias veces explícito de diplomáticos argentinos de mantener a la Defensa aparte de la cuestión. Esta postura incide fuertemente sobre las autoridades de los poderes ejecutivo y legislativo y la opinión pública nacional para reducir a la Defensa nacional a la actual y más mínima expresión.

Desde una perspectiva estratégica, la Defensa no debe estar subordinada a la diplomacia. Si bien un país indefenso no tiene otro recurso que confiar su seguridad en las buenas y pacíficas relaciones exteriores, no es posible controlar la racionalidad, emotividad y conducta de los demás actores.

Bien vale considerar que tanto la Defensa como la diplomacia, son esfuerzos nacionales de una estrategia nacional destinada a facilitar la convivencia con los demás actores internacionales para obtención y conservación de las aspiraciones nacionales.

En relación a esta disputa de la soberanía argentina frente a la usurpación británica, bien vale conocer claramente a los demás actores y, especialmente, hacer las siguientes consideraciones:

  • Las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y sus espacios marítimos adyacentes son de soberanía nacional de la República Argentina, según lo establece la Constitución Nacional, la Ley de Espacios Marítimos y la Ley de Defensa Nacional.
  • Argentina es un país con economía deficiente que necesita los recursos de los espacios usurpados por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.
  • El actor internacional que usurpa los espacios de jurisdicción argentina es el Reino Unido y no lo es Inglaterra (que es uno de los reinos) ni Gran Bretaña (porque es un accidente geográfico con solo una parte del territorio del Reino Unido).
  • La autoridad titular del poder ejecutivo del Reino Unido es la reina Isabel II y no lo es la primer ministro Theresa May.
  • La reina Isabel II es la titular del “British Realm”, o de otra forma, en español, del Imperio Británico compuesto por dieciséis Estados cuyo titular es dicha reina, con poder de decisión e influencia directa en sus gobiernos. De hecho, mantiene un gobernador que la representa, puede remover a los primeros ministros y parlamentos, es comandante en jefe de las fuerzas armadas y tiene acceso irrestricto a todas las organizaciones de inteligencia.
  • Asimismo, la reina Isabel II es titular del Commonwealth, organización no política, pero sí económica y cultural, con influencia sobre más de cincuenta estados miembros que en su mayoría son o fueron parte del imperio británico.
  • Paralelamente, la reina Isabel II es la titular de la iglesia anglicana lo que acrecienta su poder y apoyo popular.
  • El Reino Unido tiene una postura competitiva y confrontativa hacia la Argentina, evidenciada mediante la decisión política de las autoridades y sus manifestaciones públicas, la robustecida Defensa de las islas ejercida mediante sus fuerzas militares en el lugar, el creciente poder de su capacidad de proyección mediante la construcción de dos portaaviones de tamaño y poder militar cercano a los norteamericanos, la explotación de los recursos de esas jurisdicciones insulares en disputa, el apoyo de sus ciudadanos en las Islas, y el apoyo de la comunidad internacional para conservar en su poder a estas jurisdicciones argentinas usurpadas.
  • El Reino Unido tiene inversiones en importantes medios de comunicación social de la República Argentina que le permiten controlar aceptablemente a la opinión pública nacional.
  • El Reino Unido tiene el apoyo de su principal aliado y hegemón internacional, los Estados Unidos de América, que convalida el status del control británico de las jurisdicciones usurpadas desde 1833 y suministró apoyo directo con armas e información en contra de la República Argentina en el conflicto armado de 1982.
  • La Constitución Nacional de la República Argentina no establece que la recuperación se hará por medios pacíficos, como varios expertos argentinos dicen o hasta el propio Ministerio de Relaciones Exteriores ha publicado.
  • Las decisiones acerca de esta cuestión demandan conocer detallada y oportunamente toda la información de fuentes propias sobre los espacios de jurisdicción nacional usurpados y sobre los no ocupados. Esta necesidad promueve el desarrollo de la capacidad de vigilancia con o sin consentimiento británico.
  • Las obligaciones argentinas sobre las jurisdicciones propias usurpadas frente a la comunidad internacional como la seguridad náutica, la búsqueda y salvamento, el control ambiental y el control de los recursos naturales para evitar la depredación, demandan la capacidad de control sobre dichos espacios.
  • La capacidad de controlar los espacios de jurisdicción nacional que Argentina no dispone en la actualidad, implica la necesidad de desarrollar las capacidades operacionales de vigilar para conocer y decidir con acierto, e intervenir para influenciar e imponer la voluntad propia con el propósito de usar los recursos y espacios propios y/o negar su uso a otros actores.

 

EL SIGNIFICADO ESTRATÉGICO DE LA DEFENSA EN RELACIÓN AL CONFLICTO ARMADO CON EL REINO UNIDO DE 1982

Una perspectiva estratégica de la Defensa podría interpretar fácilmente que el conflicto armado de 1982 fue un acontecimiento que, al decir de Clausewitz, constituye la prosecución de la política con otros medios. A la luz de los argentinos, tampoco fue una guerra definitiva ni total, sino tan solo un conflicto armado limitado generado por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte luego de la recuperación territorial del 2 de Abril de 1982. También vale resaltar que dicha confrontación armada no dirimió a favor de los británicos la cuestión de la disputa de soberanía existente desde la invasión de 1833. Desde una perspectiva estratégica y política fue una escalada hacia el conflicto armado luego de casi 150 años de sometimiento británico.

 

A pesar del éxito que en la práctica ha tenido el Reino Unido hasta la fecha, el conflicto armado de 1982 tiene el sustento sociológico y político de las “guerras justas”, por cuanto el oponente omitió clara y deliberadamente negociar la soberanía de la jurisdicción en disputa, constituyendo ello reiteradas provocaciones británicas y desafíos al orden internacional modelado en la ONU.

Contrariamente a lo que supuestamente dijera públicamente el “Informe Shackleton” en los 70, la jurisdicción usurpada en 1833 tiene enorme valor económico y estratégico, así como es sustento de soberanía a futuro sobre las jurisdicciones antárticas argentinas, chilenas y británicas.

A pesar de las escisiones ideológicas internas de Argentina promovidas con financiamiento externo de los oponentes, la decisión de recuperar las Is. del Atlántico Sur fue del Estado Argentino por medio de su gobierno de turno y en nada desmerece lo hecho en cuanto al derecho internacional.

Con una perspectiva estratégica que la emotividad argentina dificulta percibir, en 1982 se empleó el instrumento militar como una herramienta de poder y de fuerza, en apoyo de la política exterior de la República Argentina y en defensa del territorio nacional, demostrando al mundo su real interés por la soberanía de los espacios en disputa.

Asimismo, constituyó una finta efectiva para conocer el valor real del interés en disputa para la Corona, que permitió identificar las causas verdaderas de la negativa de la corona británica a negociar o ceder la soberanía de las Islas en cuestión.

En esta disputa de casi doscientos años donde la soberanía se dirimirá a favor de quien más quiera y esfuerzo dedique para hacerse de las jurisdicciones en disputa, no sería razonable para los intereses argentinos ni a la vista de la comunidad internacional de quien esperamos su apoyo, que la República Argentina renuncie apriorísticamente a la influencia y posibles efectos de su poder militar en complementación con los demás factores del poder nacional.

He aquí, otra buena razón para preguntarse el por qué de la desatención del esfuerzo nacional en las funciones de la Defensa.

 

LO QUE NO CUESTA, NO VALE. LO QUE NO VALE, NO CUESTA.

Como ya vimos, la Defensa es una función del Estado que constituye un recurso para influenciar, no solo intereses ajenos, sino también propios de toda índole.

Por un lado, la Defensa protege los intereses nacionales y, en consecuencia, posibilita su existencia, supervivencia, disponibilidad y uso propio frente a eventuales apetencias de otros actores. Es la función clásica de la Defensa.

Por otro, la Defensa se orienta hacia actores internos, transnacionales y externos que operan desde adentro de las jurisdicciones propias, protegiendo la integridad territorial frente al peligro de la secesión, el orden interno frente a la conmoción interior, las migraciones descontroladas, o la autoridad del gobierno ante el sobrepasamiento de las capacidades de las fuerzas de seguridad. En este sentido, resalta la importancia de su contribución como eventual apoyo a la seguridad interior.

Asimismo, la Defensa tiene la capacidad de cumplir otras funciones subsidiarias orientadas a actores externos e internos, como la búsqueda y salvamento o la conformación de fuerzas multinacionales de paz, contribuir a una organización de seguridad regional y el apoyo en catástrofes naturales o entrópicas.

Pero una perspectiva estratégica que se ocupa de advertir la influencia sobre todos los actores que reciben los efectos de las capacidades de la Defensa nos lleva a considerar también la importancia de esta función del Estado con los siguientes atributos:

  • Capacidad educativa del instrumento militar para formar, instruir y adiestrar al personal de la organización de Defensa
  • Capacidad educativa para formar, instruir y adiestrar a otro público ajeno a la organización de Defensa
  • Capacidad de asistencia sanitaria todo tiempo y variada complejidad para el personal de la organización de Defensa, y muy particularmente, en casos catástrofes, crisis o enfrentamiento armado.
  • Capacidad técnica para solucionar problemas tecnológicos de la Defensa, construir medios de uso propio o para su venta, y eventualmente para su aprovechamiento ante otras necesidades del país.
  • Capacidad de abastecimiento para la propia organización y, eventualmente, para otras organizaciones que lo necesiten.
  • Capacidad de comunicaciones y organización para contribuir y apoyar las funciones del Estado en otras áreas.
  • Capacidad de investigación y desarrollo en cuestiones específica y duales que contribuyen al desarrollo nacional
  • Capacidad para construir y diseminar un ethos nacional que incluya el amor y el respeto a la Patria y a los símbolos nacionales, la predisposición hacia la Defensa del país hasta el límite de entregar la vida de todo ciudadano, el cumplimiento de las obligaciones, el orden, la importancia del respeto a la legítima autoridad y a la disciplina, etc.
  • Capacidad para instalar y transmitir la idea de que la Defensa es una obligación de todos, y en consecuencia un derecho exigible al gobierno nacional.

 

  • En relación a lo anterior, instalar y transmitir la idea de que la Defensa representa una cierta e indispensable inversión de recursos económicos que no podrán ser destinados a otras funciones del Estado nacional, pero sirven para sostener la seguridad mínima frente a actores internacionales e internos que demandan una influencia con mediante las capacidades del instrumento militar.

La subasignación presupuestaria persistente en la Defensa Nacional es el síntoma más evidente de falta de una saludable conciencia nacional. Los sucesivos gobiernos, y en mayor medida, los poderes legislativo y ejecutivo del gobierno nacional, son responsables directos del desarme argentino y de la imposibilidad de empleo de todas las capacidades de la organización de la Defensa nacional y, específicamente, del instrumento militar.

Lo que no cuesta, no vale. La mínima capacidad de protección actual implica para terceros la percepción de que Argentina no valora sus recursos ni da valor a las jurisdicciones que reclama solo formalmente reclama ante la comunidad internacional. Es una fuente de oportunidades.

Lo que no vale, no cuesta. El escaso valor dado por los argentinos a la Defensa Nacional es proporcional al mínimo esfuerzo económico dedicado a la obtención y mantenimiento de capacidades del instrumento militar y a la coordinación de todos los elementos del Estado nacional para participar en esa función esencial.

 

LA PERSPECTIVA ESTRATÉGICA DE LA DEFENSA EN LA AUTOESTIMA NACIONAL

Merece dedicar un párrafo especial para una reflexión que podría parecer tan solo emotiva. Vale reflexionar que al perderse la capacidad de luchar por una causa justa con el máximo esfuerzo o hasta las últimas consecuencias, además de cederse de antemano, tampoco se desarrolla autoestima, porque lo que no cuesta, no vale!

Quizás, la pérdida más importante de los argentinos que acompaña el profundo deterioro de las capacidades de su Instrumento Militar sea éste último efecto, o sea, sentir que no hay motivo alguno para luchar hasta perder la vida en defensa de la Patria. Paralelamente, la sociedad tampoco desarrolla resiliencia, o sea, capacidad de sobreponerse ante la adversidad.

La pérdida progresiva del esfuerzo en Defensa que hacemos los argentinos no solo se manifiesta con la disminución progresiva y sostenida del porcentaje del PBI dedicado a esa función y jurisdicción. Queda ratificada con el aumento de la cantidad de accidentes acaecidos en relación con los tiempos de actividad, por la mínima o falta total de medios en servicio según el tipo, y por una pérdida emblemática como la del Submarino San Juan que hace relucir todas las carencias.

Una de las más trágicas pérdidas es de la disciplina del secreto con documentación sensible de distribución muy protegida publicada en los medios de comunicación social. Este hecho significa desde el punto de vista de la eficacia del instrumento militar un deterioro esencial de la aptitud profesional de la organización por cuanto muestra abiertamente las vulnerabilidades propias y en otras situaciones implicaría la pérdida del factor sorpresa como principio militar fundamental para lograr el éxito o evitar la derrota.

 

LO PEOR ESTÁ POR VENIR FRENTE A LA FALTA DE UNA PERSPECTIVA ESTRATÉGICA DE LA DEFENSA

La actual carencia de capacidades creíbles de Defensa constituye una seria vulnerabilidad para la República Argentina y los intereses nacionales, y una gran oportunidad para actores oportunistas o confrontativos.

La falta de una razonable Defensa nacional conduce a ceder en forma permanente ante otros actores que opten por escalar en cualquier disputa. Significa la incapacidad para decir “no” y de generar costos que hagan inaceptable cualquier decisión relacionada con la usurpación o la disputa de los intereses propios.

Está demostrado socialmente que quién coopera siempre debe ceder frente a la dominancia de quien confronta.

Asimismo, la falta de Defensa nacional genera un serio riesgo de secesión y de pérdida de la integridad territorial.

 

PESE A LA TRAGEDIA, EL CASO DEL SUBMARINO ARA “SAN JUAN” CONSTITUYE UNA LECCIÓN PARA TODOS LOS ARGENTINOS ACERCA DE LA DEFENSA NACIONAL

La tragedia de la pérdida del submarino ARA “SAN JUAN” tiene una repercusión relacionada con la seguridad nacional de magnitud equivalente a lo acaecido con otros acontecimientos como el ataque a la Embajada de Israel, el ataque a la AMIA, el incendio de la boite Cromañón, los choques del tren Sarmiento, la muerte del fiscal Nisman, el caso Maldonado, etc..

De todos ellos, la mayoría guarda relación con la Defensa nacional. Es obvia la importancia del caso del submarino, puesto que se trata de un medio del instrumento militar, está íntimamente ligado a la situación general de las fuerzas armadas luego de décadas de presupuestos insuficientes hasta para mantener los viejos medios remanentes, y también, porque hasta que no se encuentre al objeto perdido, no se puede asegurar con certeza que su pérdida no fue la consecuencia de un ataque.

Los casos del ataque a la Embajada de Israel, como a la AMIA y la muerte del fiscal NISMAN sin resolución por la justicia, no permiten descartar la eventual participación de efectivos militares en la perpetración de dichos hechos.

En el caso Maldonado, la acción violenta de organizaciones mapuches propugnan la secesión de una parte del territorio argentino y ello constituye la afectación de un interés vital de la República Argentina.

La desaparición del submarino ARA “SAN JUAN” se relaciona con solo  dos agentes posibles de haber provocados el desastre: el hundimiento a manos de los propios argentinos por falta de apropiadas asignaciones presupuestarias y errores propios, o por la acción de algún otro actor que nos confronta.

Una perspectiva estratégica de la Defensa, permite discriminar los distintos significados de la pérdida del Submarino ARA “SAN JUAN”. Para muchos argentinos, la lamentable pérdida vale por la triste muerte de 44 compatriotas que estaban cumpliendo una actividad operativa riesgosa en favor del resto de los ciudadanos argentinas. En este sentido, esta pérdida humana podría ser asociada a la de los accidentes del tren Sarmiento. No obstante, los tripulantes del submarino, por la actividad que desarrollaban, podrían adquirir el status de héroes.

El hecho de la pérdida del submarino constituye un mensaje hacia la comunidad argentina que puede ser interpretado como la pérdida de un número de militares que cumplían su trabajo con presupuestos muy bajos, un medio relativamente antiguo y con ciertas fallas de funcionamiento. Muy lamentablemente, sin una perspectiva estratégica de la Defensa, ciertas facciones nacionales hasta se habrían alegrado por esta pérdida.

Pero el mensaje estratégico para la comunidad internacional es otro. Lo más significativo es la pérdida del submarino y lo que representa para la Defensa nacional. Por un lado el submarino es un medio de costo muy significativo, técnicamente muy sofisticado, con capacidad de realizar operaciones específicas y veladas, con capacidad de vigilancia, daño y transporte muy valioso para las operaciones militares. Argentina perdió un valioso medio militar con capacidad para ser modernizado y puesto en valor. En consecuencia, Argentina perdió una parte de su capacidad para decir no, para vigilar espacios de su jurisdicción, para controlar las actividades allí existentes y también, capacidad de disuasión.

Para los países en competencia como el Reino Unido, se disminuyó el poder militar de Argentina, y al disminuir la vigilancia y la vulnerabilidad de las fuerzas militares británicas en Malvinas, se vio incrementada su libertad de acción y favorecida su posibilidad de escalar y desestimar los reclamos argentinos.

Para los actores en cooperación, significó la pérdida de capacidades de uno de sus socios, es decir una pérdida de poder relativo y de la capacidad de mayor sinergia de esa asociación.

Para los neutrales, a quienes la Argentina pide su apoyo en el seno de la Organización de las Naciones Unidas para lograr que el Reino Unido se disponga a negociar la soberanía sobre las jurisdicciones en disputa, el significado es otro. El hundimiento representa el calamitoso estado de la Defensa argentina que luego de décadas de desinversión terminó con la pérdida de un submarino probablemente por fallas y errores propios, y eso es más que la falta de determinación Argentina para luchar por un interés que considera propio. Con jerga de estos tiempos podríamos hacer pensar que Argentina es un “looser” que no merece el apoyo externo puesto que no está dispuesto a defender lo que dice que es suyo.

Las autoridades militares desplazadas también han sido bajas resultantes de las terribles deficiencias de la Defensa Nacional y representan otro signo de la falta de una perspectiva estratégica. En momentos de zozobra la oportunidad resulta propicia para transmitir un mensaje de fortaleza en capacidades humanas y de cohesión interna. Hasta se puede demostrar objetividad en la investigación de las causas y considerar todas las alternativas posibles para favorecer los objetivos de la política exterior.

Pues en este caso, todo pareciera haber quedado subordinado con exclusividad a los avatares de la política interna, a morigerar la opinión pública nacional desfavorable y a desligar responsabilidades, en contra de fortalecer a la Defensa nacional aprovechando la lamentable pérdida. Una vez más, el conflicto interno está superando a la importancia de la Defensa nacional y a la de la cuestión internacional, que abiertamente ha dado muestras de existir visto la disposición y presencia en la búsqueda de varios actores que se disputan el poder mundial.

Todo ha resultado luego de la falta de atención y dedicación nacional a la Defensa, cuyo signo más evidente es la evolución de las asignaciones presupuestarias en función de porcentajes del PBI.

Las deficiencias por antigüedad, insuficiente mantenimiento y adiestramiento, más la afectación del factor moral constituyen un coctel imposible de controlar. Las consecuencias no podían haber sido otras. Tan grave como ello, es no haber tenido interés en disimularlo.

Esto es el pasado y lo que no se debe repetir. Esto es lo que nos falta y está todo por hacer. La solución necesariamente pasa por el incremento del esfuerzo presupuestario nacional llevándolo a cifras en proporción del PBI que sean congruentes con la percepción de la mayoría de los actores internacionales, y especialmente con el 1,5 % de la región.

Cualquier otra cosa, constituye un maquillaje con mera finalidad política que en nada mejorará la actual condición de la Defensa Nacional.

 

EPÍLOGO

La perspectiva estratégica de la Defensa posibilita interpretar a la importancia de la Defensa nacional en toda su dimensión para conducir a decisiones de los poderes legislativo y ejecutivo del gobierno nacional que contemplen un liderazgo virtuoso y capacitado, la reunión urgente del Consejo de Defensa Nacional (CODENA), la participación activa de la Jefatura de Gabinete de Ministros en el diseño de una estrategia nacional que involucre a la Defensa, la acción de todos los ministerios, el involucramiento, esfuerzo, dedicación y apoyo de todos los argentinos, el control legislativo, la acción judicial virtuosa y no ideologizada o corrupta, un presupuesto para la Jurisdicción Ministerio de Defensa no inferior al 1,5 % del PBI equivalente al promedio sudamericano y para la Función Defensa no menor al 1 % PBI.

Por todo lo dicho, desde una perspectiva estratégica se puede advertir claramente que la Defensa no se fundamenta solamente en la finalidad de “hacer la guerra” y que es mucho más que un seguro. Este entendimiento permitiría disponer de razones claras y concretas para responder frente a quienes subordinan la importancia de la Defensa ante a otras necesidades. Quizás aquí esté una llave para destrabar la falta de atención que la Defensa Nacional ha sufrido en las últimas décadas de parte de los gobernantes y del pueblo en general en la República Argentina.

 

[1] Military Balance Edición 2017

[2] UK Defence Journal Abril 2017

[3] IDSA de India

[4] Pertusio, Roberto L.. Estrategia Operacional, 3ra. Edición. Instituto de Publicaciones Navales. Buenos Aires, 2005. p. 152.

[5] Actores: Entes con capacidad de decisión, que cuentan con racionalidad y emotividad.

[6] Robert A. Dahl. The Concept of Power. Yale University. 1957.

[7] Díaz Matey, Gustavo. Nuevas dimensiones de la Seguridad y Defensa. Tema 2. El Poder y su distribución en Sociedad Internacional. Facultad de Ciencias Sociales, Área de Seguridad, de la Universidad Nebrija. 2017.

[8] SCHELLING, Thomas C. Arms and Influence. Yale University. 1966.

VERTZBERGER, Yaacov Y. I.. Risk Taking and Decisionmaking. Foreign Military Intervention Decisions.

[9] Snyder, G & Diesing, P. Conflict among Nations: Bargaining, Decision Making and System Structures in International Crisis. Princeton: Princeton University Press. 1977.

[10] Howell, Llewellyn D. Ph.D.. Polítical Risk Assessment: Concept, Method, and Management. 2nd. Edition.The PRS Group, Inc.. New York. 2008. ISBN: 978-1-933539-72-0

Howell, Llewellyn D. Ph.D.. The Handbook of Country and Political Risk Analysis. 4th Edition. The PRS Group, Inc.. New York. 2008. ISBN:978-1-931077-83-5

[11] Snyder, G & Diesing, P. Conflict among Nations: Bargaining, Decision Making and System Structures in International Crisis. Princeton: Princeton University Press. 1977.

[12] CONSTITUCIÓN NACIONAL ARGENTINA (Ref. 1994). DISPOSICIONES TRANSITORIAS Primera. La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.

1 COMENTARIO

  1. “1965-2016 que guarda relación con necesidades generadas por el conflicto armado de 1982.”

    Estoy en desacuerdo.con esa interpretación pues entre 1965 (incidente en Laguna del Desierto y antes 1958 Islote Snipe) y 1978 (Beagle) el principal precursor del presupuesto argentino de defensa fueron los roces con Chile (hasta 1984 cuando se acepta el acuerdo bilateral derivado de la mediación papal) y con Brasil, en menor medida.

    La guerra contra UK no era algo que se planteará como cercana durante los 60 ni durante los 70s, de hecho UK era un activo proveedor de pertrechos de primer nivel para Argentina (ej Type-42), siendo lo más latente y real un escenario de desencadenamiento de una guerra con Chile con consecuencias sudamericanas, dado el sistema de dos ejes que existió durante aquellos tiempos (eje Argentina, Perú, Bolivia y el eje Chile-Brasil-Ecuador). Hoy el cuadro geopolítico ha cambiado notablemente tanto por consideraciones político estratégicas (declinar de la presión geopolítica argentina post Malvinas, distención con Chile) como por los modelos de desarrollo económico diferentes que se han generado desde entonces (los de desarrollo endógeno de Mercosur y los de comercio abierto de la Alianza del Pacífico), acompañado de la llegada de la globalización y el fin de las dictaduras en el cono sur.

    Saludos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor deje su comentario
Ingrese su nombre aquí