España sigue estudiando sumarse al nuevo satélite espía francés

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Los satélites espía ópticos CSO (en la imagen) están llamados a sustituir a los Helios 2 en los que participan media docena de países europeos

El ministerio de defensa español lleva varios años desojando la margarita respecto a la entrada o no de España en el programa del nuevo satélite espía francés CSO, siglas francesas de Componente Espacial Óptico, relevo de las plataformas espía Helios 2 que están en órbita desde 2004, pero cuya vida operativa comienza a caducar en 2019.
Para clarificar la posición española, una delegación francesa encabezada por el máximo responsable de la política de armamento, Jöel Barre, ‒con rango de secretario de Estado‒, se desplazó a Madrid y mantuvo el pasado viernes al mediodía una reunión con el secretario de Estado de defensa, Agustín Conde.
Conde presidía un equipo de altos cargos entre los que se encontraba el recién nombrado director general de Armamento y Material, almirante Santiago González Gómez, y el subdirector general de Gestión de Programas, el general de división Salvador Álvarez Pascual.
El ministerio de Defensa español se ha limitado a valorar el resultado de la reunión como “muy satisfactorio”, pero sin aportar datos sobre los temas tratados, limitándose a citar evidencias como que se han tratado asuntos “que directamente afectan a la Secretaría de Estado de Defensa del Ministerio de Defensa”, “se han repasado programas bilaterales” y se han analizado “iniciativas europeas en las que participan (España y Francia) conjuntamente”.
CSO es un programa de especial relevancia para Francia, ya que su industria es líder europeo en la concepción, desarrollo y fabricación de satélites de observación ópticos para aplicaciones civiles y militares, tanto en el espectro visible como en el infrarrojo. Se trata de una plataforma espacial concebida para aportar imágenes de muy alta y extrema resolución, del orden de los 35 centímetros. A ello se añade que Jöel Barre fue entre 1991 y 1995 el director del programa Helios, por lo que conoce de primera mano las características y peculiaridades de los satélites ópticos de observación.
La decisión española es del máximo interés para Francia ya que el diseño, desarrollo, fabricación, ‒ Aibus y Thales Alenia Space ‒, así como su lanzamiento y coste de la vida en servicio de las dos primeras plataformas CSO supera con creces los 1.000 millones de euros de inversión, por lo que la entrada de socios extranjeros reduciría la pesada carga financiera. A ello se añade que la puesta en órbita del primer satélite ‒CSO-1‒ está programada para finales del presente año, lo que acrecienta las prisas de Paris por saber con qué socios puede contar.
Por el momento, Suecia se ha sumado a la iniciativa francesa y Alemania suscribió en abril de 2015 un acuerdo para financiar en su totalidad ‒210 millones de euros‒ un tercer satélite. Pero París todavía no ha conseguido que Bélgica, Italia, Grecia y España ‒que junto con Alemania son los socios de Francia en el programa Helios 2‒ confirmen si también se adhieren a CSO.
El ministerio de Defensa español dispone del llamado Plan Director de Sistemas Espaciales, un documento elaborado en marzo de 2016 por la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y que ofrece una visión estratégica de las necesidades espaciales españolas para el periodo 2016-2030.
En el citado Plan Director se recoge que “la baja prevista del Helios 2A se producirá en 2019 mientras que la del 2B será entre 2020 y 2024”, aunque se subraya que “podría adelantarse a 2020 en función del CSO”.
El Plan Director contempla “la puesta en marcha a corto plazo de un programa nacional para cubrir a partir de 2020 la capacidad óptica de alta resolución que permita alcanzar la autonomía estraté¬gica debería ser la opción nominal, siendo la alternativa la posible participación de España en CSO como sustituto del Helios 2”.
Si tenemos en cuenta que desde 2016 no se ha puesto en marcha ningún programa nacional, las alternativas a CSO son escasas.
En la actualidad, la presencia española en Helios 2 se reduce a una participación del 2,5 por ciento del total, pero suficiente para las necesidades de las Fuerzas Armadas españolas, al menos hasta el momento.

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