Por Roberto Arias Malatesta

Para mediados de mayo el cerco británico sobre las islas comenzaba a hacer efecto sobre las tropas defensoras, los mismos se acrecentaban cuando se trataba de guarniciones alejadas de Puerto Argentino, debido a la dificultad de trasladar abastecimientos.

El jefe del Regimiento 5, Coronel Mabragaña, le reclamaba por radio al Comandante de la Brigada de Infantería III la presencia de algún oficial del área logística, ya que su ayudante colaboraba en estas tareas pero no era su función. Mientras tanto el subteniente de intendencia Hugo Gargano le solicitaba diariamente al Capitán Velzeck; jefe de la Compañía Comando; que tratara de alguna forma de enviarlo a Puerto Howard con el resto del Regimiento. Un día, en oportunidad de ir al Centro de Operaciones Logístico (COL) de Puerto Argentino Gargano se presenta en la Guardia del mismo y solicita ser trasladado a Howard, explicando donde podía ser localizado. Al día siguiente recibe la orden de traslado. Debía marchar hasta la base de helicópteros ubicada en proximidades del Cuartel de Moody Brook. Allí embarcaría, junto a dos soldados del regimiento, en un grupo de helicópteros que iba a llevar medicamentos, munición de morteros y algunos víveres a la asediada guarnición. El jefe de ese agrupamiento aéreo era el Mayor aviador Yanzi, y estaba compuesto por tres helicópteros Puma SA-330 de transporte y un Agusta A-109 artillado de escolta. Otra de las tareas asignadas a estas aeronaves era traer de regreso a los integrantes de la Compañía de Comandos 601 que operaban en Puerto Howard hacía varios días.

Relata Gargano. Antes de partir muchos de los suboficiales de mi sección me pedían que los llevase, al igual que los soldados conscriptos. La despedida fue emotiva, luego de haber compartido un mes la posición cercana al aeropuerto.

Los cuatro helicópteros cargados al tope partieron en la mañana del día 21 de mayo. Para ese entonces los británicos disponían de una absoluta superioridad aérea, las aeronaves argentinas eran fácilmente detectadas y derribadas por sus patrullas aéreas de combate (PAC). Luego de un vuelo bajo y plagado de tensiones llegaron a Pradera del Ganso, guarnición de la Fuerza de Tareas “Mercedes”. En ese lugar hicieron noche y se controlaron las máquinas. Al día siguiente intentaron partir, pero la presencia constante de cazas enemigos hizo abortar los intentos. Finalmente en horas de la mañana del día 23 de mayo, haciendo un alarde de determinación y coraje, el mayor Yanzi decide emprender el cruce. Las máquinas estaban piloteadas por el mayor Yanzi, los tenientes primeros Magnaghi, Pérez Cometto y el teniente Riss, cada piloto era acompañado por un suboficial mecánico de aviación, que cumplía también las funciones de copiloto.

Corriendo un gran riesgo, volando a muy baja altura y en silencio absoluto de radio iniciaron la travesía, teniendo como punto de partida el helipuerto de Pradera del Ganso. El estrecho estaba cubierto de bruma. En el curso de vuelo apareció una sombra fantasmal que alteró a todos, era el buque mercante ELMA “Río Carcarañá” que cumplía funciones de abastecimiento a las tropas. En el tramo final del cruce del canal aparecieron dos cazas navales Sea Harrier FRS 1. Las aeronaves eran dotación del portaaviones HMS Hermes, y estaban tripulados por los tenientes Morgan y Leeming. El teniente Riss, que volaba más retrasado, divisa los cazas enemigos y da la voz de alerta – ¡Aviones! ¡Aviones! ¡Al piso! –. Los aviones enemigos los interceptaron y comenzaron a disparar con sus cañones automáticos Aden de 30mm. El Puma del teniente primero Pérez Cometto hizo una maniobra brusca para descender y zafar del asedio, merced a su pericia, y con gran esfuerzo logró aterrizar la máquina. Una vez en tierra los tripulantes, ayudados por los dos soldados del Regimiento 5 comenzaron a bajar la carga de munición que transportaban. El teniente Riss colocó su Agusta en el terreno; tratando de salvar la máquina; pero fue detectado, y la aeronave destruída, pudiendo escapar el piloto y mecánico segundos antes.

Relata Gargano: El segundo Puma, en el cual me encontraba embarcado, llevaba munición de mortero. Solo por obra de Dios no fue impactado en el aire, ya que hubiese explotado instantáneamente. Nunca podré olvidar aquel momento, cuando nos comienzan a atacar. El mayor Yanzi me da la orden de abrir la compuerta del helicóptero y tirarme, siendo que aún no lograba aterrizarlo. Logré arrojarme, y al instante el piloto logró aterrizar la máquina a pocos metros. En ese interín hacen un pasaje los Sea Harrier, ametrallando al noble aparato, que aún tenía sus rotores girando. En ese momento, estando cuerpo a tierra a unos diez metros del helicóptero, el mayor Yanzi nos dá la mano al mecánico de aviación, sargento ayudante Novile y a mi. Nos dice –es un honor morir al lado de ustedes-. Pasaron los cazas enemigos impactando al Puma. Nos miramos, nos tocamos y comprobamos que no estaba ninguno herido y corrimos hasta una posición más segura.

El Puma de Magnaghi recibió impactos en el cono de cola, perdiendo el control de la máquina. El helicóptero choca de costado contra el suelo, sufriendo heridas los tripulantes. Relata Magnaghi: Al ser tocado en vuelo, mi helicóptero, que era el AE-503, giraba sobre su eje por haber perdido el rotor antitorque. Traté de no perder los controles, disminuir la velocidad y no bajar bruscamente la altura de la máquina. Al estrellarse y volcar, choqué mi hombro sobre un costado. La cabina se llenó de humo, mi cabeza daba vueltas, no podía soltar el arnés y el cabo primero Godino quiso accionar la palanca de salida de emergencia de la puerta de cabina, pero no se habría. Dándole golpes con el hombro e incluso un cabezazo con el casco de vuelo logró sacarla. Por esa puerta pudimos abandonar el helicóptero. El cabo primero Godino salió primero y ayudó al cabo primero Herrera. Entre ambos suboficiales me sacaron ya que mi posición era muy incómoda y dolorosa. No podía mover mi brazo. Al llegar a Puerto Howard los médicos comprobarían que tenía la clavícula fracturada.

Agotada la munición de sus cañones de 30mm, los Sea Harrier se retiraron. Los tripulantes argentinos en tierra estaban muy dispersos, es entonces que uno de los soldados del Regimiento 5 comienza a silbar en una forma muy particular. Su silbido, rememorando la retreta del desierto, posibilitó la reunión de los sobrevivientes, siendo esta muy emotiva. Mientras tanto, el teniente primero Pérez Cometto, en el único helicóptero que se había salvado, emprende un vuelo muy bajo en busca de sus camaradas. Luego de casi una hora logran reunirse, comprobando que todos estaban vivos. Se embarcan apretados hombres y equipos, emprendiendo el tramo final hacia Howard, a solo 20 kilómetros. Arribaron a la guarnición con las últimas luces, corriendo nuevamente un gran peligro al no tener comunicaciones radiales con la guarnición, y pudiendo ser tomados como enemigos. Allí se comprobaron las heridas de Magnaghi y del cabo primero Godino, que tenía un fuerte golpe en la cabeza con herida cortante. Comieron algo y descansaron. Al día siguiente deberían emprender el regreso.

Sería este el último intento de aprovisionamiento por modo aéreo de la guarnición argentina en Puerto Howard.

3 Comentarios

  1. Que bueno que se sepan las historias de los hombres que tripulaton los helicopteros en malvinas, los grandes olvidados, ellos tambien se meeecen unreconocimiento.

  2. el gral parada le dice a Mabragaña que le pusiera papel a las botas de los soldados para que absorbiera la humedad… a lo que Mabragaña le contesta: ” no recibo el diario todos los días”

  3. Enorgullece saber la Patriada que se mandaron estos hombres arriesgando sus vidas para cumplir su misión, ante un enemigo muy peligroso.
    HONOR Y GLORIA A estos valientes hombres

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