Defensa planea equipar un avión Falcon con sistemas de guerra electrónica para suplir la baja del B-707

Le llamaban coloquialmente La Reina del Espectro, era el Boeing 707 (MT-17 en nomenclatura militar) de guerra electrónica del Ejército del Aire, capaz de detectar y perturbar las comunicaciones y los sistemas de radar de un eventual adversario en caso de conflicto. Defensa lo dio de baja hace un año y, aunque constituye una prioridad reemplazarlo, aún no ha sido posible debido a los recortes. Es una de las capacidades estratégicas que las Fuerzas Armadas españolas han perdido durante la crisis y que tendrá que afrontar el próximo Gobierno.

Casi todas las guerras de los últimos años han seguido el mismo guion: antes de que se inicien los bombardeos aéreos, un ataque electrónico —más recientemente también cibernético— perturba las comunicaciones y neutraliza los radares del enemigo, desarticulando su red de mando y control y cegando su sistema de defensa aérea, lo que permite a la aviación de combate actuar casi con impunidad.

España decidió dotarse de esta capacidad en diciembre de 1991, cuando el entonces Gobierno socialista dio luz verde al Programa Santiago, clasificado como secreto. La joya de este sistema, que incluye componentes terrestres y navales, era un Boeing 707 comprado de segunda mano por 900 millones de pesetas y remodelado en Israel durante tres años para equiparlo con los sistemas más sofisticados del momento en guerra electrónica, tanto activa como pasiva. Durante una década ha sido el “gran oído” del Estado Mayor de la Defensa, recopilando inteligencia de señales y actualizando el mapa electromagnético de zonas donde eventualmente pudieran llegar a intervenir las tropas españolas. Pero hace ya un año hubo que desmontar sus consolas y darlo de baja, ya que el vetusto aparato había cumplido con creces su ciclo de vida.

Las Fuerzas Armadas disponen de otras capacidades parciales en guerra electrónica, como los accesorios (pod) con los que van dotados los F-18, pero se trata, avisan los expertos, de equipos tácticos, que carecen del alcance y autonomía del B-707.

El Estado Mayor de la Defensa ha clasificado como “prioritaria” la recuperación de esta capacidad. Su plan consiste en remodelar uno de los aviones Falcon 900 dedicados al transporte de personalidades y equiparlo con consolas, más reducidas pero más avanzadas que las ya obsoletas retiradas de La Reina del Espectro. Una vez que el proyecto reciba el visto bueno del Gobierno, el avión tardará más de un año es estar operativo. Mientras tanto, las Fuerzas Armadas deberán arreglárselas con esta carencia, que no es la única.

Reabastecimiento estratégico. Con la baja del último de sus cuatro B-707, el pasado 27 de septiembre, las Fuerzas Armadas no solo dijeron adiós a su mejor plataforma de guerra electrónica sino también a la capacidad de reabastecimiento estratégico. El Ejército del Aire dispone de aviones cisterna KC-130 Hércules, pero estos carecen de la autonomía del T-17. Un ejemplo: los cazas F-18 que se desplazan a Nevada (EE UU) para participar en el ejercicio Red Flag, uno de los más exigentes del mundo, necesitan que un avión cisterna les acompañe para repostar en mitad del Atlántico; y el Hércules no puede hacerlo. El Ejército del Aire tenía prevista la compra —o, en su defecto, el leasing— de tres MRTT, que se reconvierten en la planta de Getafe (Madrid) a partir del avión de pasajeros Airbus 330-200, pero la disolución de las Cortes, hace casi un año, dejó el proyecto en el alero.

Sin portaaviones ¿y sin aviación naval? Defensa dio de baja el portaviones Príncipe de Asturias en 2013 por el alto coste de su mantenimiento y necesaria modernización. Como plataforma para aeronaves, dispone del buque de proyección estratégica Juan Carlos I(LHD), pero sus prestaciones no son equiparables a un portaaviones, según los expertos. Además, la Armada podría perder su aviación embarcada en 2020, cuando debe dar de baja sus 12 Harrier de despegue vertical. La única alternativa es el F-35, pero España no se sumó al proyecto en sus fases iniciales y el coste de comprarlo en el mercado resulta prohibitivo.

Submarinos y helicópteros. Los problemas de sobrepeso del submarino S-80 han obligado a la Armada a prolongar la vida operativa de los tres S-70 que le quedan. Navantia asegura que, tras un rediseño, el proyecto del futuro submarino ya está encauzado. Pero restan notables incógnitas, como el número de unidades, el coste de cada una y si estará a tiempo su sistema de propulsión independiente del aire (AIP). La flota de helicópteros de la Armada ha perdido su capacidad de lucha antisubmarina y no existe aún la versión naval del NH-90, el helicóptero montado en Albacete con el que deben equiparse los tres ejércitos

http://politica.elpais.com/politica/2016/10/11/actualidad/1476210485_777206.html

 

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