Crisis Rusia-OTAN: ¿quién se legitima?

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Por Mariano Gonzalez Lacroix

Rusia y la neo-contención

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“Hablar con Rusia desde una posición de fuerza es inútil. La política de contención no fue inventada ayer, se aplica contra nuestro país desde hace muchos años, siempre, se puede decir que décadas, si no siglos”[1]. Esta frase pronunciada por Vladimir Putin ante la Asamblea Federal Rusa nos brinda un punto de partida para analizar el creciente clima beligerante que se extiende a lo largo de Europa oriental, al mismo tiempo proveyendo pautas de la política exterior rusa actual frente a una estrategia que se había mantenido escondida por muchos años: la contención.

La política exterior rusa actual en Europa oriental se da en el marco de una estructura o esfera multi-estatal que quedo en disputa posteriormente a la eclosión de la Unión Soviética. Esta eclosión, motivada por la política de contención de los Estados Unidos y sus aliados, provoco la disgregación del mundo soviético generando así un cinturón de estados independientes al rededor de Rusia. Estos mismos terminaron siendo posteriormente el foco fundamental de las conductas agresivas tanto de la Federación Rusa como de la Unión Europea y los Estados Unidos. Es entonces que este espacio conformado por ex estados soviéticos surgidos posteriormente a la Guerra Fría se convierte en un ámbito de crisis y rispidez natural entre los diferentes bloques estatales, originando el brote de diferentes conflictos militares, políticos y sociales en ellos bajo impulso de alguna de las potencias.

Dentro de este marco se vislumbra el lineamiento político de la Federación Rusa: la tendencia a la recuperación de áreas de influencia, o como recientemente ha mencionado su actual presidente Vladimir Putin, espacio vital de Rusia, colisionando así con los nuevos intereses tanto europeos como estadounidenses.

Es importante mencionar que el mundo posterior al bipolar, ya configurado en el paradigma de la hegemonía o de la multipolaridad, propicio un corrimiento del eje de contención bajo premisa de seguridad colectiva ante una hipótesis de conflicto difusa (para ese entonces) tal como Rusia, o bajo parámetro de integración económica (impulsada principalmente por la Unión Europea luego del tratado de Maastrich).

Desde  la óptica occidental, la finalización del conflicto este-oeste supuso la victoria definitiva del paradigma liberal (e idealista), impulsando al comercio y a la apertura económica como motores de las relaciones internacionales. Es así, que este impulso se topo con la nueva construcción de estados post comunistas, logrando identificarlos como espacios a ocupar con el fortalecido espíritu capitalista y motivando así una ontología de conflicto con el estado que otrora los nucleaba en una superestructura soviética, Rusia.

Es entonces que se vislumbra como el contenido integralista y expansivo de la política exterior y económica de la Unión Europea choca con el radio de intereses geográfico de la Federación Rusa, de igual forma que el paradigma realista-militarista del comportamiento internacional de los Estados Unidos vuelve a encontrar a un antagonista con ideales de las relaciones exteriores muy similar, por lo menos en lo que son sus prácticas. Es central la noción de que todas estas estructuras estatales son potencias nucleares y con los mayores índices de sofisticación militar y que a lo largo de más de 50 años se disputaron espacios del mundo por vía militar o por medio de conflictos “buffer”, utilizando como medio a terceras naciones.

Estos resultados en el tablero geopolítico europeo actual tienen su raiz en acciones que se suscitaron tiempo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, especialmente en los ejercicios surgidos desde el seno de la politica exterior norteamericana, cuando el interrogante prioritario fue como hacer para limitar la expansión territorial y política de la Unión Soviética. La eventual idea surgida propiciaría una modificación estructural del clima politico-militar mundial gestando un entorno critico global.

Dentro de este paradigma critico se desarrolla la noción estructural de la estrategia de Contención, propuesta por George Kennan y teorizada magistralmente por Nicholas Spykman. La Unión Soviética debía ser limitada políticamente y militarmente por medio de una barrera de influencia geopolítica a su alrededor, impidiéndole así su expansión ideológica y territorial.

Es de esta forma que los agentes miembros estructuras militares como la OTAN comienzan la instalación de diversas bases alrededor del orbe, motivadas esencialmente para una pronta respuesta defensiva ante embates o injerencias soviéticas en terceros países.

Pese a que finalmente la Unión Soviética colapsa por el peso económico del desafío impuesto en la carrera armamentista con el mundo occidental, la estructura defensiva y política de los miembros de la alianza militar ganadora se mantuvo activa. Su legitimidad entro en tela de juicio debido a que el espacio post-soviético ya no implicaba una amenaza primordial frente a otros escenarios de mayor intensidad bélica. Sin embargo, dentro del contexto de nuevas crisis, nuevos actores beligerantes, nuevas hipótesis de conflicto para los países OTAN, etc., esta estructura de defensa y su despliegue de tropas se mantuvo aceitada y activa pese a su aparente pasividad o real utilidad. Dentro de este marco, los movimientos geopolíticos rusos volvieron a toparse con un contendiente que en ningún momento había bajado su guardia: las superposiciones de intereses sobre los espacios geopolíticos sin tutores necesariamente desembocarían en crisis bi o multilaterales con los demás actores. Estas crisis internacionales tienen actualmente un epicentro: Ucrania.

Acciones y reacciones de viejos contrincantes

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Los recientes acontecimientos en Ucrania re encendieron la discusión en torno a la tacita contención aplicada sobre la frontera rusa. El detonante surgió de la mano de  los hechos de febrero del año 2014, cuando la región de Crimea se revoluciono con la caída de Victor Yanukovich a manos de las revueltas del Maidan. Fue claro el rechazo de esta región a las manifestaciones europeístas , en principio por las cualidades rusófilas de su población así como también por su dependencia y relación con las bases militares arrendadas por la Federación Rusa en Sebastopol (donde yace el 70% de la flota del Mar Negro). A partir de esas acciones, tropas rusas sin distintivos ingresaron en la península tomando, junto con movimientos auto-organizados de la población local, las bases y dependencias institucionales ucranianas en la región. El resultado final fue la escisión de Crimea de la República de Ucrania luego de un referendo no reconocido por Kiev, y posteriormente su adhesión a la Federación Rusa.

Las alarmas comenzaron a sonar en el mundo occidental a la par del enardecimiento de la retorica de los bloques contendientes. El presidente de los Estados Unidos solicito el retiro de las tropas rusas de la región y el cese de actividades injerentes en estados limítrofes, mientras que su par ruso argumento que sus tropas obedecian a la protección de los intereses vitales de Rusia y de las comunidades ruso parlantes asentadas fuera del país.

Los propósitos geopolíticos volvieron a manifestarse contendientes e insalvables, rompiendo el paradigma asociativo que parecia mostrarse en el lenguaje de los líderes de las potencias post Guerra Fría hasta ese entonces. Tengamos en cuenta que ni las dos crisis chechenas, ni el conflicto en Daguestán, como tampoco la crisis Abjasia-georgiana del 2008 generaron empujes políticos tan fuertes como los acontecidos posteriormente a la crisis ucraniana.

Los resortes de la contención se volvieron a mostrar.

Las primeras medidas en contra de la Federación Rusa vinieron de la mano de sanciones políticas y económicas hacia los agentes que participaron, avalaron e  instigaron la escisión de Crimea. En segundo lugar y como efecto domino, los países miembros de la OTAN propiciaron sanciones a diversas compañías estatales y privadas rusas, limitando su financiación en países occidentales y congelando capitales radicados en estos. Rusia volvió a ser objeto de la presión económica occidental, causa que otrora facilitó la eclosión soviética. En poco tiempo se vislumbraron los efectos, limitando la llegada de bienes y servicios de la Unión Europea, influyendo en alzas de precios y desabastecimiento. Por otro lado, la baja del precio del barril de crudo (medida impulsada por Arabia Saudita) sembró el terror en la bolsa de comercio de Moscu y desencadeno el derrumbe del precio del rublo.

Asi mismo, la presión de los Estados Unidos y aliados, tuvo su arista político-militar. La “NATO Summit” de Gales, firmada por los miembros de la alianza en septiembre del 2014, fue resultado de la enorme presión política de los países que conforman la alianza y que limitan con la Federación Rusa o países firmantes del Tratado de Seguridad Colectiva. Tanto Polonia como los países bálticos se pusieron en alerta y solicitaron medidas contundentes de los demás estados de la OTAN bajo pretexto de posibles y mayores reclamos territoriales rusos en europa oriental.

El documento firmado estableció la creación de una fuerza de respuesta (NATO Response Force) con la capacidad de ser desplegada en la periferia de los países miembros en unas 48 horas. La misma se conforma actualmente por una brigada con soporte aéreo y marítimo formado por tropas de todas las naciones de la alianza. Esta brigada asignada a la periferia se suma a la fuerza de despliegue rapido formada en el 2003 e integrada por unos 25.000 militares. De igual forma, comprometió a los estados con menos del 2% del presupuesto asignado a la defens a elevarlo por lo menos a esa cifra para los próximos años.

Otra medida rápida, y dada en función de los reclamos, fue el envió por parte de los Estados Unidos de unos 12 aviones de combate F-16 a Polonia y 6 F-15C a Lituania como medida provisoria mientras la nueva brigada era alistada. Asimismo, se llevo a cabo el ejercicio “Iron Sword 2014” comprometiendo en el mismo a unos 600 paracaidistas de la 173ra. Brigada estadounidense.

Hacia el Mar Negro, y atendiendo al conflicto en el Donbass (región oriental de Ucrania de mayoría ruso parlante), la OTAN comenzó el desarrollo de las maniobras militares “Sea Breeze 2014” junto con Rumania, Francia, España, Grecia, Turquía y Ucrania (con sus recientes unidades devueltas del puerto de Sebastopol). Pese a que el ejercicio culmino, las acciones en Donetsk y Luhansk  motivaron a que unidades de la alianza atlántica mantengan un despliegue activo. El USS Cole, el USS Mount Whitney y el buque de reconocimiento francés Dupuy de Lome permanecieron en el área observando el desarrollo del conflicto entre los ucranianos y los rebeldes pro-rusos.

Dentro de territorio rumano, y junto al despliegue anterior, la Casa Blanca estableció la Fuerza rotacional del Mar Negro, con unos 750 militares, incluyendo a 500 marines y personal de la USAF.

El conflicto avivo aun más la tensión cuando, como respuesta al apoyo ruso a los separatistas de la región del Donbass, la OTAN celebro el ejercicio Rapid Trident 2014 en Ucrania, país que no forma parte de la alianza pero en su viraje hacia occidente solicito su adhesión. El ejercicio implico el despliegue de unos 1.200 soldados de los países miembros junto a militares ucranianos y se enfoco primordialmente en la actualización de técnicas contra-guerrilla, desarme de IED y escolta de convoyes.

Todas estas medidas tomadas por parte de la alianza atlántica y aliados implicaron una readecuación de capacidades frente a una revivida hipótesis de conflicto, motivando asi la elocuencia y los gestos de un despliegue que se mostro ágil y dinámico desde el Báltico hasta el Mar Negro. Es entonces que resulta remarcable como el desarrollo de los acontecimientos en Ucrania viene comprendiendo una revitalización de la legitimidad de la OTAN frente al mismo escenario que la vio nacer. La utilidad de su estructura vuelve a cambiar su arista, enfocándose nuevamente en enemigos que no son de fuerzas irregulares o trans-estatales y reavivando un paradigma que parecía dormido desde hace mas de dos décadas.

Temores del pasado

Octubre-Briton

Los movimientos de la alianza atlántica tuvieron su contrapartida (sino su razón). Los reportes de encuentros agresivos entre unidades de las fuerzas rusas como aliadas se multiplicaron varias veces en relación al año anterior. La misma OTAN reporto desde el comienzo de la crisis ucraniana un aumento considerable de los vuelos de bombarderos TU-95 , aviones de reconocimiento IL-20 e interceptores MIG-31 entre otros.

La alianza atlántica manifestó que además de reportar un aumento unas 3 veces mayor de los vuelos que el año anterior, las características de los mismos se han tornado más violentas o agresivas. Los encuentros con los pilotos interceptores se están realizando a una distancia sumamente peligrosa a la par de sus maniobras, con el agravante del apagado de sus transponders, lo que estima la imposibilidad de que incluso los propios aviones civiles y comerciales que transitan tengan conocimiento sobre las actividades de los aviones militares rusos.

Desde el mes siguiente a los acontecimientos de febrero en Crimea, y luego de las reacciones del comando de la OTAN, la actividad de los aviones rusos se mostro sujeta y aprehensiva a los tiempos de respuesta de la intercepción de sus propios aparatos mientras la propia alianza desarrollaba sus ejercicios de replica a la crisis. La VVS (acrónimo de Fuerza Aérea Rusa) abrió su paraguas de empleo proyectando su actividad tanto en el tenso Mar Negro, como en la frontera de los países bálticos, el propio Mar Báltico y el Océano Atlántico (junto al Pacifico).

Los reportes de encuentros agresivos no se hicieron esperar. Estonia acuso a la Federación Rusa de haber violado su espacio aéreo en numerosas oportunidades con aviones de inteligencia IL-20 y bombarderos SU-34.

Hacia el sur, en el Mar Negro, los buques desplegados para atender tareas de reconocimiento e inteligencia sobre el conflicto en el Donbass, sufrieron el encuentro de peligrosos vuelos rasantes y simulacros de ataque naval de aviones SU-24.

Los vuelos de reconocimiento y de ejercicio se mostraron sumamente activos también sobre el Atlántico, llegando a reportes de encuentros propios del periodo de la Guerra Fría, donde los famosos aviones TU-95 “Bear” (designación OTAN) llegaron a desplazarse desde bases rusas hasta el limite del mar territorial británico e incluso portugués. Las respuestas tampoco tardaron en mostrarse, presentándose casos en donde aviones de la Royal Air Force se desplegaron en máxima alerta al ser sorprendidos por la cercanía de un vuelo de Bears y aviones Il-78 reaprovisionadores.

Otro caso alarmante para Europa occidental fue el suceso ocurrido en octubre del 2014, donde el archipiélago oriental a la capital de Suecia amaneció con reportes de actividad de un submarino no identificado, atribuido mas tarde a Rusia. Durante una semana, buques suecos se dedicaron a la búsqueda del submarino sin haber podido detectarlo. Nuevamente, y desde la Guerra Fría, el Mar Báltico volvió a ser el espacio de tensiones entre las flotas de la OTAN, suecas y finesas con la Flota del Báltico, estacionada en el enclave de Kaliningrado. La flota posee actualmente 3 submarinos clase Kilo (designación OTAN) entre otras unidades de superficie.

In this amateur photo provided by Sweden's armed forces and distributed by the TT News Agency on Sunday, Oct. 19, 2014, a partially submerged object is visible in the water at center, in the Stockholm archipelago, Sweden. The Swedish military said Sunday it had made three credible sightings of foreign undersea activity in its waters during the past few days amid reports of a suspected Russian intrusion in the area. (AP Photo/Swedish Armed Forces via TT News Agency) SWEDEN OUT

Un acontecimiento trascendental en los movimientos geopolíticos rusos se mostro mientras se desarrollaban los combates en Ucrania, y mientras Europa oriental caía presa del fastidio por los vuelos de cazas y bombarderos rusos. Durante septiembre, se realizo el ejercicio militar “Vostok 2014”, el mas considerable y extenso desde caída la Unión Soviética.

El mismo se desarrollo en el Distrito Militar Oriental, implicando el desplazamiento de entre 100.000 y 150.000 militares, 1.500 blindados, 120 aeronaves de combate y 70 buques desde distintas bases a lo largo y ancho del país. Además de brindar un mensaje claro hacia occidente, el ejercicio implico la demostración de la capacidad de despliegue rápido de unidades, con formaciones atravesando unos 6.000 km en pocos días.

Otro punto central del ejercicio militar fue el objetivo del mismo. Los cinco días de ejercicios apuntaron exclusivamente a la defensa de un hipotético enemigo utilizando porta aeronaves, desatando ataques aéreos masivos y desembarcando en distintas zonas del terreno. Las respuestas fueron brindadas por operaciones de protección de costas, operaciones antisubmarinas, de anti-sabotaje, de minado, de desembarco en regiones árticas, y de  neutralización de grupo de tareas formados por porta aviones.

En el ejercicio se mostraron activos sistemas como el S-300, Iskander-M, helicópteros Mi-8 y Ka-52, bombarderos Su-24, aviones de ataque Su-25, cazas Mig-31 y Su-27, y aviones multi rol Su-30S y SU-35S

Continuando con la respuesta al paraguas defensivo de la OTAN, para diciembre la Federación Rusa anuncio el despliegue del sistema balístico táctico Iskander y del sistema antiaéreo S-400 en Crimea, los cuales se suman al despliegue de una batería K-300P Bastion, blindando el espacio terrestre, aéreo y marítimo que rodea a la península. Ya meses antes, la República de Belarus autorizo el uso de su territorio para al despliegue de sistemas estratégicos y tácticos. No es un dato menor que el estado vecino, Polonia, es territorio base del sistema ABM norteamericano, y que luego de esta medida su territorio podría ser cubierto íntegramente tanto desde Belarus como desde Kaliningrado, bastión ruso que desde diciembre del 2013 posee ubicado y activo el sistema Iskander.

Todos estas acciones desarrolladas en el transcurso del conflicto ucraniano dieron luz sobre el despliegue estratégico ruso frente al paraguas defensivo europeo-norteamericano. Como en un reto de ajedrez, las piezas tácticas y estratégicas fueron posicionadas en el tablero geopolítico tanto de Europa como de Asia respondiendo a los desafíos de un viejo contendiente.  Es así como surgieron efectos que rememoran a las épocas mas calientes de una guerra no declarada ni combatida convencionalmente. Todo el bloque periférico de la estructura de la OTAN sufrió maniobras a lo largo de su frontera, incluso dentro de ella, mostrando disuasivamente como la Federación Rusa es un contendiente con capacidad de desplegar respuestas ofensivas integrales y masivas a lo largo y ancho de toda Europa.

East 2014- Russian military exercises in Kamchatka 1

Interrogantes

Vostok

La geopolítica europea, en especial la que se vivencia en el este, puede ser percibida y analizada como un juego claro de acciones y reacciones entre los participantes. Los últimos acontecimientos político-militares a lo largo de toda la frontera de la estructura de la OTAN y la Federación Rusa, pasando por todos los estados “buffer” que todavía mantienen cierta independencia en relación a estos, fueron objeto de posicionamientos defensivos bien definidos. Es por esto, que a medida que los movimientos estratégicos de cada una de las estructuras se realizaba, la retorica belicista se encendía mostrando a la luz de la opinión publica de cada uno de los estados un nuevo enemigo o contendiente. Ya desde el Telegrama Largo de George Kennan dirigido al entonces presidente Harry Truman, la idea occidental sobre la conducta rusa se estableció. “El punto de vista neurótico del Kremlin sobre los asuntos mundiales es el sentido tradicional ruso e instintivo de la inseguridad . Originalmente, se trataba de la inseguridad de un pueblo agrícola pacífico que intentaba vivir de su vasta llanura expuesta en el barrio de unos pueblos nómadas fieros . A esto se añadió como Rusia entró en contacto con algunos pueblos avanzados económicamente en el oeste por lo que temió a sus sociedades más poderosas, más competentes , y más altamente organizadas en esa zona. Pero este último tipo de inseguridad fue una que afectó  más a los gobernantes rusos que al propio pueblo ruso; los gobernantes rusos siempre han sentido que su estado fue relativamente más arcaico, frágil y artificial en su fundamento psicológico, incapaz de soportar la comparación o el contacto con los sistemas políticos de los países occidentales . Por esta razón siempre han temido a la penetración extranjera, temiendo el contacto directo entre el mundo occidental y los suyos, temiendo lo que sucedería si los rusos aprendieron la verdad sobre el mundo  o si los extranjeros aprendieran la verdad sobre el mundo interior. Y han aprendido a buscar la seguridad sólo en la paciente pero mortal lucha por la destrucción total de la potencia rival, nunca en los pactos y compromisos con ella”. Este tipo de filosofía se volvió a poner sobre la mesa con el desarrollo de los acontecimientos ucranianos rompiendo con la efímera premisa de estados asociados y comprometidos en cuanto a las políticas mundiales de seguridad. Por consiguiente el destino de la política exterior rusa viro hacia el mundo de economías emergentes, propiciando acercamientos mayores al conglomerado BRICS, hacia las principales economías Latinoamericanas, y fundamentalmente hacia la asociación energética y militar con el gigante chino.

Los mensajes rusos hacia su propia opinión publica fueron un tiro por elevación hacia la actual conducta occidental y su ferviente (y reaparecida) tendencia de cercar a Rusia: “Occidente cree que es un imperio y que los demás son sus vasallos”, “tras la caída del Muro de Berlín la OTAN no ha parado de expandirse”, “EE.UU. tiene bases militares por todo el planeta ¿y el agresor es Rusia?”. Estos mensajes emitidos por Vladimir Putin evidencian que el clima agresivo en Europa puede elevarse a medida de que pase el tiempo y las heridas sobre la situación ucraniana no se cierren. De todas maneras, y mientras continua esta escalada verbal y de despliegues militares, tanto las conductas rusas como las de la propia OTAN parecen genuinas y razonables en función del contendiente, ya que los movimientos militares en ambos lados de esta frontera geopolítica imaginaria se realizan bajo premisa de seguridad nacional o de bloque. Por el lado del gigante europeo, las tendencias agresivas de la propia Comunidad Europea y EE.UU. se encuadran como una continuación aceitada y viva de la estrategia de contención en la moldura de un ordenamiento prehistórico que no  tiene razón aparente de existencia en las formas de política exterior del siglo XXI. En el caso tanto europeo occidental como estadounidense, la estrategia tiene como objetivo limitar la propia naturaleza agresiva de un estado que ocupa un centro estratégico mundial, ese mencionado y famoso Heartland conceptualizado por Halford Mackinder. Desde esta propia visión de las acciones rusas actuales y mencionadas anteriormente, la estrategia de contención tiene y debe mantenerse activa a efectos de brindar seguridad a los estados aliados más cercanos y desprotegidas frente a las acciones de agresividad manifiesta provenientes de un estado que no puede pactar y comprometerse con el exterior.

Como resultado podemos observar que la responsabilidad sobre los hechos europeos se mecen de un lado a otro de forma categórica. Ambos bloques rechazan las acusaciones y se posicionan como víctimas de las circunstancias creadas por la otra estructura.

Mas allá de estos argumentos, las operaciones de los diferentes actores continúan desarrollándose de manera consecutiva y reaccionaria, volviendo a poner a todo el sistema político mundial en vilo a sabiendas de que un movimiento errado en este frágil juego de la geopolítica supondría una autentica crisis global donde la neutralidad seria solamente retorica. Es así como en función de la responsabilidad sobre los acontecimientos actuales se desprenden numerosas interrogantes: ¿Es Rusia un estado con tendencia agresiva sobre sus vecinos? ¿Continua la OTAN expandiéndose de manera provocadora sobre la Federación Rusa? y finalmente , en la crisis entre ambos bloques ¿quién legitima a quien?

[1] Putin, Vladimir. 2014. Discurso presidencial.

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