En julio de 2010 se han batido todos los records en cuanto a la cantidad de víctimas entre los efectivos del ejér

cito norteamericano en Afganistán. Sólo en este mes se perdieron unos sesenta y seis militares, más que en cualquier otra campaña, ascendiendo el costo total de víctimas del contingente militar de los EE.UU. a unos 1200 efectivos, siendo los de la coalición internacional como parte de la OTAN de unas 1900 víctimas mortales. Sumado a esto se sabe que los mandos militares estadounidenses no van a retirar por completo sus tropas para 2011, como había prometido su presidente, Barack Obama.

Una de las tareas principales de los Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán es la preparación del ejército afgano y las milicias para dejarlas aptas para el combate, que después de la partida de las fuerzas de la coalición, podrían controlar el país y evitar así que continúe la guerra civil. El presidente afgano Hamid Karzay declaró en varias oportunidades que las fuerzas afganas estarán listas para mantener la situación en 2014. El presidente del comité de los jefes de estado mayor estadounidenses, mayor Mike Myullen confirmó las palabras de Karzay, aunque reconoció que hasta que llegue ese momento, las fuerzas de la coalición deben superar las serias complicaciones en la preparación y la enseñanza de los soldados afganos.

El principal problema que se plantea es el de la disciplina, es decir, la ausencia de disciplina en las filas del ejército y policía afgana. El inconveniente se centra en que los reclutas llegan demasiado rápido al ejército desde los campamentos de instrucción en donde efectúan la preparación militar, aunque esto es algo que se está intentando subsanar. Durante los últimos tiempos el número de efectivos escaló hasta los 134.000, contando la policía con unos 109.000. Para fines de 2011 los militares deberían alcanzar los 171.600 soldados mientras que los efectivos policiales deberían llegar a unos 134.000.

Entre los veteranos se puede encontrar que gran parte de los que ahora combaten para el ejército regular, con anterioridad estaban de parte del adversario.

Los instructores estadounidenses tratan de instruir de manera obstinada a los soldados afganos, quienes conviven con ellos en casi todas las bases militares. Sin embargo los intentos de cooperación muchas veces terminan en la nada. Así, durante recientes negociaciones entre los jefes afganos y norteamericanos en la base al Oeste de Kandahar, los estadounidenses trataban de planificar una operación que expulsaría a los talibanes de las proximidades y esperaban también desencadenar una ofensiva a los pocos días. Pero el desacuerdo entre los oficiales del ejército afgano provocó el aplazamiento de la operación hasta el fin del mes sagrado del Ramadan.

El uso de las drogas también es un problema en el mantenimiento de la disciplina y está ampliamente difundido entre los afganos. En abril de 2009 los guardafronteras afganos tras una velada consumiendo opio, dispararon sus armas, matando a un policía. El informe de la coalición sin embargo decía que no sabían quien había disparado. En otro informe expuesto a la comunidad se decía que un soldado había disparado a un sargento durante una disputa en la provincia de Gelment. Según declaraciones de oficiales de la OTAN, la frecuencia con que los soldados afganos o los policías se disparan entre ellos, o incluso a los habitantes del lugar, es alarmante. Sólo en el primer semestre de 2010 hubo por lo menos unos setenta incidentes semejantes. También fueron frecuentes las oportunidades en que soldados afganos atacaron a soldados de la coalición. En agosto pasado un efectivo afgano mató en la base a dos contratados del US Army y a otro militar afgano, antes de ser muerto. La causa del tiroteo, según se informó, fue una riña trivial.

En la formación de las estructuras de fuerza afganas, los instructores estadounidenses no toman en cuenta el factor nacional. La mayor parte de los oficiales del ejército afgano provienen de los tayikos étnicos de las provincias del Norte del país, mientras que la población es de las provincias del Sur y del Sudeste, componiendo pushtunes del que habrían salido los talibanes. Entre estos grupos el odio no pasa con el tiempo y la posibilidad de unirlos es remota. Esto se ve reforzado por la actitud de los poblados con los policías y los militares, quienes son considerados apenas un poco mejor que los ladrones y los drogadictos. Estos últimos responden con la reciprocidad.

Recientemente los soldados de la coalición debían observar las doctrinas de tiro por parte de sus colegas afganos. Sin embargo fueron testigos de cómo los soldados afganos tenían la intención de tirotear la aldea, que a menudo era usada por los talibanes en calidad de campo de operaciones, para posteriores ataques a las bases militares norteamericanas. Como hacía tiempo que en esta aldea no se observaba ningún tipo de actividad talibán, el haberlos “fusilado” como pretendían, hubiera significado un simple asesinato de los habitantes del lugar. Les llevó algún tiempo a los oficiales de la OTAN convencer a los afganos de anular este ataque.

El futuro de Afganisán teniendo en cuenta la situación del ejército nacional y de su policía, se ve muy nebuloso. Según exponen miembros de la policía, los habitantes de Afganistán cortarán las cabezas de los efectivos nacionales en cuanto las fuerzas de la coalición se hayan retirado del país. Tal humor testimonia que las fuerzas de la OTAN se ven imposibilitadas de cambiar su posición. Antes de comenzar con la salida escalonada de las tropas de la OTAN deberán pensar cual será el destino de Afganistán na vez que se retiren las tropas.

De la redacción de ARES World Defense & Security

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